Trabajos de Prehistoria, 82 (2)
Julio-Diciembre, 2025, 1074
ISSN-L: 0082-5638 – eISSN: 1988-3218

La colonización agraria del valle del río Guadalimar durante los siglos VII-VI a. n. e

The agricultural colonisation of the Guadalimar River valley during the 7th-6th centuries BCE

José L. Serrano Peña Logo  ORCID Grupo de Investigación del Patrimonio Arqueológico de Jaén (GIPAJ HUM357), Universidad de Jaén, jlsp1964@gmail.com (autor de correspondencia)
Marcos Soto Civantos Logo  ORCID Grupo de Investigación del Patrimonio Arqueológico de Jaén (GIPAJ HUM357), Universidad de Jaén, marcossotocivantos@gmail.com

RESUMEN

Se presentan los primeros resultados de una investigación realizada sobre un tramo del curso del río Guadalimar. Se ha realizado una prospección y excavación de cuatro pequeñas casas ibéricas en llano. La secuencia del periodo Orientalizante-Ibérico Antiguo de los asentamientos y su carácter campesino son una novedad en el panorama de la investigación del Alto Guadalquivir que abren nuevas interpretaciones de los modelos de colonización del distrito minero de Sierra Morena, en una fase de incipiente iberización del territorio. A partir de los resultados obtenidos, proponemos una revisión del territorio periférico de Castulo hacia Sierra Morena, antes de la fundación del oppidum de Giribaile y los santuarios territoriales de Collado de los Jardines y Castellar.

Palabras clave: Orientalizante; Ibérico Antiguo; poblamiento agrario; Castulo; Giribaile; minería.

ABSTRACT

The initial results of research carried out on a section of the Guadalimar River are presented. Four small Iberian houses on flat ground have been surveyed and excavated. The sequence of the Orientalising-Early Iberian period of the settlements and their rural character represent a novelty in the research landscape of the Upper Guadalquivir which open up new interpretations of the colonisation models of the Sierra Morena mining district, in a phase of incipient Iberisation of the territory. Based on the results obtained, we propose a review of the peripheral territory of Castulo towards Sierra Morena, prior to the founding of the oppidum of Giribaile and the territorial sanctuaries of Collado de los Jardines and Castellar.

Keywords: Orientalizing; Early Iberian Iron Age; agrarian settlement; Castulo; Giribaile; mining.

Recibido / Submitted: 29-09-2025. Aceptado / Accepted: 10-12-2025. Publicado online / Published online: 29-01-2026.

Cómo citar / Citation: Serrano Peña, J. L. y Soto Civantos, M. (2025). “La colonización agraria del valle del río Guadalimar durante los siglos VII-VI a. n. e.”. Trabajos de Prehistoria, 82 (2): 1074. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2025.1074.

CONTENIDO

1. INTRODUCCIÓN  

Durante los años 2017-2020 se llevaron a cabo una serie de trabajos arqueológicos en el embalse de Giribaile (Jaén) que, con la variación de nivel de sus aguas, había dejado expuestos una enorme cantidad de restos arqueológicos a lo largo de varios kilómetros de las márgenes del río Guadalimar. A consecuencia de ello, se realizaron varias actuaciones arqueológicas urgentes de prospección y excavación, entre 2017 y 2020, centradas en un sector concreto del embalse conocido como Valcuenda, en el término de Rus. Este paraje se encuentra en la margen izquierda del curso medio-bajo del río Guadalimar, a unos 15 km aguas arriba de Castulo, al borde de una pequeña terraza que domina una parte de su fértil valle, en el entorno del piedemonte de Sierra Morena (Fig. 1).

Localización del paraje de Valcuenda (Rus, Jaén)

Fig. 1. Localización del paraje de Valcuenda (Rus, Jaén).

En aquellos trabajos se localizaron cuatro puntos que habían sido muy alterados por la erosión del embalse y que, aun así, tenían unas perspectivas de investigación excepcionales, que se denominaron Valcuenda 3-4-5-6. Todos corresponden a otros tantos pequeños asentamientos de época ibérica, con secuencias que van desde el siglo VII-VI a. n. e., reflejadas en todos ellos, y también del siglo I a. n. e. en Valcuenda 6, que han sido excavados en extensión o muestreados.

2. ANTECEDENTES. EL TERRITORIO DE GIRIBAILE EN EL VALLE DEL RÍO GUADALIMAR  

El referente de la investigación del I milenio a. n. e. del curso del río Guadalimar son los trabajos desarrollados por Luis Gutiérrez Soler y su equipo, centrados fundamentalmente en el oppidum de Giribaile y su entorno, entre los valles de los ríos Guadalimar y Guadalén. En los años 1990 llevaron a cabo tres campañas de prospección superficial. La primera se realizó con motivo de la construcción de la presa de Giribaile y estuvo enfocada al vaso inundable (Royo et al., 1995Royo Encarnación, M. Á., Gutiérrez Soler, L. M., Bellón Ruiz, J. P. y Barba Colmenero, V. (1995). “Prospección arqueológica superficial de urgencia en la presa de Giribaile (Jaén)”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1992, III, pp. 408-414.). Dos campañas posteriores se ocuparon del curso del río Guadalimar, aguas abajo o arriba del embalse (Gutiérrez et al., 1995Gutiérrez Soler, L. M., Royo Encarnación, M. Á., Barba Colmenero, V. y Bellón Ruiz, J. P. (1995). “Informe sobre la primera campaña de prospección superficial en el Guadalimar medio-hinterland de Cástulo”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1992, II, pp. 249-256., 1999aGutiérrez Soler, L. M., Royo Encarnación, M. Á., Barba Colmenero, V. y Bellón Ruiz, J. P. (1999a). “Informe de la segunda campaña de prospección superficial en el Guadalimar medio-hinterland de Cástulo”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1994, II, pp. 113-118.). Otras han abordado en detalle algunos lugares, como ha sido La Monaria (Royo et al., 1997Royo Encarnación, M. Á., Gutiérrez Soler, L. M., Bellón Ruiz, J. P. y Barba Colmenero, V. (1997). “Documentación gráfica del yacimiento romano de La Monaria”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1993, III, pp. 386-390.) y en el propio oppidum de Giribaile (Gutiérrez Soler, 2010aGutiérrez Soler, L. M. (2010a). “Microprospección arqueológica en Giribaile (Vilches, Jaén). Protocolo de trabajo”. Trabajos de Prehistoria, 67 (1), pp. 7-35. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2010.10029., 2010bGutiérrez Soler, L. M. (2010b). “Prospección arqueológica superficial en la Meseta de Giribaile”. Anuario Arqueológico de Andalucía, 2004, II, pp. 600-611.). Posteriormente, otros trabajos específicos trataron aspectos concretos del urbanismo ibérico del oppidum de Giribaile (Gutiérrez Soler, 1998Gutiérrez Soler, L. M. (1998). “Roma y el poder local en el territorio del oppidum de Giribaile”. En: Aranegui, C. (Ed.). Actas del Congreso Los Iberos, Príncipes de Occidente: Estructuras de Poder en la Sociedad Ibérica. Barcelona: Fundación La Caixa, Sagvntvm Extra 1. Sección III, pp. 405-412.; Gutiérrez y Royo, 1999Gutiérrez Soler, L. M. y Royo Encarnación, M. A. (1999). “Estudio de materiales procedentes del oppidum de Giribaile”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1994, II, pp. 119-124.; Gutiérrez e Izquierdo, 2001Gutiérrez Soler, L. M. e Izquierdo Peraile, I. (2001). “Análisis arqueológico e interpretación de los espacios funerarios del oppidum de Giribaile en el territorio del valle del Guadalimar (Jaén)”. Archivo Español de Arqueología, 74, pp. 35-52. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.2001.v74.146.; Gutiérrez et al., 2001Gutiérrez Soler, L. M., Izquierdo Peraile, I. y Royo Encarnación, M. A. (2001). “El monumento funerario de Giribaile. Imagen del poder de los príncipes iberos”. Revista de Arqueología, 239, pp. 24-33., 2005Gutiérrez Soler, L. M., Rueda Galán, C., Luna Collantes, M. y Díaz García, M. J. (2005). “Las Cuevas de Giribaile: nuevas aportaciones para el estudio del poblamiento eremítico en Andalucía oriental”. Arqueología y Territorio Medieval, 12.1, pp. 7-37. DOI: https://doi.org/10.17561/aytm.v12i1.1717.; Ortiz et al., 2020aOrtiz Villarejo, A. J., Gutiérrez Soler, L. M. y Alejo Armijo, M. (2020a). “El Área 11 de Giribaile. Estructura arquitectónica y materiales de construcción de un almacén ibérico de los siglos IV-II a. C.”. Archivo Español de Arqueología, 93, pp. 81-101. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.093.020.004., 2020bOrtiz Villarejo, A. J., Gutiérrez Soler, L. M. y Alejo Armijo, M. (2020b). “Estabulación, almacenaje y alimentación durante los siglos IV-III a. C. en el Área 3 de Giribaile”. Historia Agraria, 82, pp. 173-208. DOI: https://doi.org/10.26882/histagrar.082e06o.; Alejo et al., 2022Alejo Armijo, M., Gutiérrez Soler, L. M., Prados Martínez, F., Ortiz Villarejo, A. J. y Alejo Sáez, J. A. (2022). “El monumento fundacional de la plataforma inferior de Giribaile (Jaén): espacio ideológico de arquitectura social y representativa”. Trabajos de Prehistoria, 79 (1), pp. 159-174. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2022.12293.).

Tras ese volumen de investigación concentrada en esta fracción del territorio alrededor de Giribaile, el equipo de Gutiérrez Soler formuló una interpretación que podemos resumir en tres momentos de época ibérica. El primero pasa por la fundación del oppidum de Giribaile en el siglo IV a. n. e. centrado en el núcleo urbano. Posteriormente, tras la Segunda Guerra Púnica y el comienzo de la conquista romana, surge una densa colonización mediante pequeñas unidades de hábitat y producción agropecuaria alrededor del oppidum, que sigue habitado y funcionando simultáneamente. Este poblamiento en llano es particularmente numeroso en el valle del Guadalimar y se vincula al curso del río y a los pequeños arroyos tributarios. Ambos tipos de asentamientos, oppidum y pequeñas casas dispersas, conviven hasta la destrucción de Giribaile por Sertorio a principios del siglo I a. n. e. El tercer momento se desarrolla tras esa destrucción, cuando se funda un nuevo establecimiento urbano fortificado, La Monaria, en el fondo del valle, al pie de la meseta de Giribaile, articulado con otras torres de vigilancia, que aglutina el antiguo campesinado disperso (Gutiérrez Soler, 1998Gutiérrez Soler, L. M. (1998). “Roma y el poder local en el territorio del oppidum de Giribaile”. En: Aranegui, C. (Ed.). Actas del Congreso Los Iberos, Príncipes de Occidente: Estructuras de Poder en la Sociedad Ibérica. Barcelona: Fundación La Caixa, Sagvntvm Extra 1. Sección III, pp. 405-412., p. 410; 2002Gutiérrez Soler, L. M. (2002). El oppidum de Giribaile, Jaén. Jaén: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén., p. 117). El poblado fortificado de La Monaria parece que no alcanza el cambio de Era y que se abandona en el curso de las Guerras Civiles. Tan solo las torres parecen haber perdurado hasta la aparición de un esquema propiamente romano, ya en época Flavia (Gutiérrez Soler, 2002Gutiérrez Soler, L. M. (2002). El oppidum de Giribaile, Jaén. Jaén: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén., p. 136).

Los resultados de los proyectos de prospección dirigidos por Gutiérrez Soler suponen algo más de 100 yacimientos en el entorno del embalse de Giribaile, de los cuales 80 se catalogaron como ibéricos y 23 como de época romana (Gutiérrez Soler, 2002Gutiérrez Soler, L. M. (2002). El oppidum de Giribaile, Jaén. Jaén: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén.). Los de adscripción ibérica fueron clasificados en 12 tipos diferentes, aparte del caso singular de La Monaria. Los tipos se establecieron a partir de variables como altura absoluta, altura relativa, pendiente, área de control visual, potencialidad agrícola, distancia al vecino más próximo y tamaño. Tan solo la variable cronológica no se tuvo en cuenta, probablemente porque, salvo la excepción del oppidum de Giribaile y sus necrópolis de los siglos IV-III a. n. e., se consideraron todos los sitios en llano y las torres como del siglo II a. n. e. hasta principios del siglo I a. n. e., excepto el denominado ‘horizonte La Monaria’, entre principios y mediados del siglo I a. n. e. (Gutiérrez et al., 1999bGutiérrez Soler, L. M., Royo Encarnación, M. Á., Bellón Ruiz, J. P. y Barba Colmenero, V. (1999b). “La Monaria. Análisis de un poblado del siglo I a. n. e. en el Guadalimar (Vilches, Jaén)”. En: Actas del XXIV Congreso Nacional de Arqueología. Murcia: Gobierno de la Región de Murcia, Instituto de Patrimonio Histórico, 4, pp. 753-758.).

Esa interpretación del oppidum y el territorio de Giribaile ha variado a lo largo del tiempo. A partir de los resultados de una microprospección en la meseta de los años 2004-2005, el equipo de Gutiérrez Soler propone que la destrucción de la ciudad ibérica se produjo a finales del siglo III durante la Segunda Guerra Púnica, con el asedio de Lucio Escipión en el 207 a. n. e. (Gutiérrez Soler, 2012Gutiérrez Soler, L. M. (2012). “Conocimiento, valoración y difusión del área arqueológica de Giribaile (Vilches, Jaén)”. En: I Congreso Internacional El Patrimonio Cultural y Natural como motor de desarrollo: investigación e innovación. Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, pp. 1381-1398., p. 1396; Ortiz, 2017Ortiz Villarejo, A. J. (2017). Giribaile: Estrategias de ocupación económica asociadas al dominio del territorio durante los siglos IV y III a.C. Tesis Doctoral. Universidad de Jaén. Accesible en: http://hdl.handle.net/10953/929., p. 30; Alejo, 2019Alejo Armijo, M. (2019). Poder y empoderamiento de la arqueología en Giribaile. Arquitectura social y representación de la cultura ibérica e impacto territorial a través de la romanización. Tesis Doctoral. Universidad de Jaén. Accesible en: https://hdl.handle.net/10953/1120., p. 394). En 2011 se hizo una puesta al día de la interpretación de la colonización ibérica del valle del Guadalimar, en la que se mantenían los 12 tipos originales, pero ajustando la cronología del oppidum con la de los asentamientos dispersos, por lo que se consideraban de los siglos IV a. C. y III a. C. (Gutiérrez y Lechuga, 2011Gutiérrez Soler, L. M. y Lechuga, M. A. (2011). “El territorio. Interpretación de la ocupación ibérica del valle”. En: Gutiérrez Soler, L. M. Guía arqueológica de Giribaile. Jaén: Junta de Andalucía / ASODECO, pp. 193-245., pp. 234-235; Gutiérrez Soler, 2011Gutiérrez Soler, L. M. (2011). Guía arqueológica de Giribaile. Jaén: Junta de Andalucía / ASODECO.), una lectura que se ha mantenido hasta ahora (Gutiérrez Soler, 2012Gutiérrez Soler, L. M. (2012). “Conocimiento, valoración y difusión del área arqueológica de Giribaile (Vilches, Jaén)”. En: I Congreso Internacional El Patrimonio Cultural y Natural como motor de desarrollo: investigación e innovación. Sevilla: Universidad Internacional de Andalucía, pp. 1381-1398., p. 1396; Ortiz, 2017Ortiz Villarejo, A. J. (2017). Giribaile: Estrategias de ocupación económica asociadas al dominio del territorio durante los siglos IV y III a.C. Tesis Doctoral. Universidad de Jaén. Accesible en: http://hdl.handle.net/10953/929., p. 377; Gutiérrez et al., 2020aGutiérrez Soler, L. M., Ortiz Villarejo, A. J. y Alejo Armijo, M. (2020a). “Reflexiones desde el proyecto Giribaile sobre la presencia púnica y cartaginesa en el alto Guadalquivir”. En: Celestino Pérez, S. y Rodríguez González, E. (Eds.). Un viaje entre el Oriente y el Occidente del Mediterráneo. IX Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos / International Congress of Phoenician and Punic Studies. Mytra, 5. Mérida: Instituto de Arqueología de Mérida, pp. 925-934., p. 930; 2020Gutiérrez Soler, L. M., Manchón Gómez, R. y Pérez Alba, F. (2020b). “Acerca de la destrucción de Giribaile”. Treballs d’Arqueologia, 24, pp. 165-184. DOI: https://doi.org/10.5565/rev/tda.113.b, p. 180). La fecha del final de aquellos se pone en relación con la destrucción del propio oppidum de Giribaile, que ha sido matizada en otros trabajos posteriores, en los que se sugiere que seguiría ocupado hasta un momento indeterminado del siglo II a. n. e., pero abandonado antes de la fundación del poblado de La Monaria a principios del siglo I a. n. e. (Gutiérrez et al., 2020bGutiérrez Soler, L. M., Manchón Gómez, R. y Pérez Alba, F. (2020b). “Acerca de la destrucción de Giribaile”. Treballs d’Arqueologia, 24, pp. 165-184. DOI: https://doi.org/10.5565/rev/tda.113., p. 183).

Cuando en 2017 revisamos muchos de esos yacimientos ibéricos ya conocidos en la franja del embalse dentro del término de Rus, el primer aspecto que despertó nuestro interés fue la constatación de que gran parte de la vajilla que se podía apreciar en ellos eran conjuntos que, sin lugar a dudas, podemos enmarcar entre la segunda mitad del siglo VII y finales del siglo VI a. n. e. Esa horquilla temporal tan antigua no concordaba con la secuencia del oppidum de Giribaile y el territorio de su entorno que se ha publicado. Fue esa circunstancia la que nos llevó a aprovechar la oportunidad para documentarlos y comprobar si se trataba de casos puntuales, o si formaban parte de un fenómeno extendido y temprano de explotación del territorio que hasta ahora no había sido advertido. Para resolver esas dudas revisamos la bibliografía sobre la zona, de la cual la publicación de 2002 de Gutiérrez Soler es la más exhaustiva. Esa monografía se ocupa tanto del oppidum de Giribaile como de todos los puntos localizados en las prospecciones del embalse, aportando no solo su posición con coordenadas, sino también ocasionales planimetrías y el dibujo de la cerámica recogida en cada uno de ellos.

Para poder aclarar la naturaleza de nuestros hallazgos, acudimos a ese estudio y se revisaron todos los materiales dibujados, con el objeto de comprobar si otros sitios contenían vajilla claramente definitoria de los siglos VII y VI a. n. e. La cuestión era identificar piezas que no ofrecieran dudas tipológicamente y cuya datación fuera fácilmente reconocible. Para ello se seleccionaron determinados criterios de búsqueda: presencia de asas dobles o triples; platos de pasta gris de labio engrosado; aplicaciones plásticas como mamelones; urnas de orejetas; bordes exvasados de tipo ‘pico de pato’; recipientes groseros de cocina con aplicaciones o decoraciones; vajilla fina a mano bruñida y/o con decoración pintada; ánforas de tipos antiguos; cazuelas o fuentes carenadas; etc. Otros criterios de búsqueda tuvieron que descartarse, como la policromía sobre vajilla, dado que la publicación era en blanco y negro y no había descripciones de las decoraciones.

El resultado de la revisión de las prospecciones del entorno de Giribaile en el valle del río Guadalimar ha deparado un grupo de, al menos, 32 puntos cuyos materiales publicados concuerdan con los criterios que hemos apuntado para identificar aquellos que pudieran tener una cronología Orientalizante o Ibérico Antiguo (Fig. 2). Entre ellos se encuentran los cuatro de Valcuenda. La proporción sobre el total de yacimientos de adscripción genérica ibérica es un porcentaje mínimo, dado que muchos de los publicados como ibéricos solo aportan escasos fragmentos en las fichas descriptivas, o dibujos indeterminados, lo que no permite fecharlos específicamente. En esos casos se han mantenido genéricamente como ibéricos.

Sitios identificados del periodo Orientalizante-Ibérico Antiguo en el entorno del embalse de Giribaile

Fig. 2. Sitios identificados del periodo Orientalizante-Ibérico Antiguo en el entorno del embalse de Giribaile (elaboración propia a partir de Gutiérrez Soler, 2002Gutiérrez Soler, L. M. (2002). El oppidum de Giribaile, Jaén. Jaén: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén.).

Los 32 lugares que pueden clasificarse como Orientalizantes tienen un carácter eminentemente agrario, dado que casi todos, salvo los que se localizan en el entorno del propio oppidum, se sitúan en el fondo del valle del Guadalimar o en la desembocadura de arroyos tributarios de este. La mayoría ocupan las tierras de potencialidad agrícola más alta y con acceso a irrigación, que encajan con el Tipo 8 definido por Gutiérrez Soler (Gutiérrez y Lechuga, 2011Gutiérrez Soler, L. M. y Lechuga, M. A. (2011). “El territorio. Interpretación de la ocupación ibérica del valle”. En: Gutiérrez Soler, L. M. Guía arqueológica de Giribaile. Jaén: Junta de Andalucía / ASODECO, pp. 193-245., p. 226).

3. DOS CASOS DE ASENTAMIENTOS CAMPESINOS  

El tramo del valle que hemos estudiado es una muestra aleatoria de la margen izquierda del Guadalimar y, precisamente por no haber seleccionado intencionadamente los puntos, los resultados resultan aún más clarificadores del panorama de la ocupación del curso medio de este río. El sector ofrecía unas condiciones excepcionales de documentación de unos restos arqueológicos muy lavados por el embalse, pero de fácil y rápido registro, con extensiones de menos de 0.2 ha.

Dado el grado de destrucción y afecciones provocados por el embalse, el registro de estos lugares ha sido desigual, aunque se consiguió recoger un importante volumen de materiales, tanto de los dispersos en superficie como de los documentados en las escuetas estratigrafías conservadas. De los cuatro, Valcuenda 3 y 6 son los únicos que se han excavado prácticamente al completo; Valcuenda 5 fue objeto de sondeos y limpieza superficial, mientras que Valcuenda 4 se encontraba muy alterado y solo se constataban algunas alineaciones de muros sobre el terreno y fragmentos de vajilla. Así, son los dos primeros los que permitieron un mejor análisis de sus fases y distribución espacial.

3.1. Valcuenda 3

Valcuenda 3 (Lugar 390; Gutiérrez Soler, 2002Gutiérrez Soler, L. M. (2002). El oppidum de Giribaile, Jaén. Jaén: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén., p. 349) se ubica sobre un pequeño promontorio al borde de una terraza sobre la margen izquierda del río, a unos 200 m del antiguo cauce. La extensión de restos arqueológicos conservados era muy reducida, apenas 350 m², que se excavaron completamente. Alrededor de ese núcleo aparecía una amplia dispersión de material ladera abajo hasta la orilla del pantano, recogiéndose todo sistemáticamente. Este sitio ha sufrido un gran deterioro por el efecto de las aguas, que han erosionado la mayor parte de la estratigrafía y gran parte de las estructuras. Aquí se planteó una excavación completa con un corte de 26 × 9 m que englobaba todas las construcciones y su área inmediata (Fig. 3). Dado el volumen de material que aún quedaba sobre el terreno, este se cuadriculó mediante unidades de 1 × 1 m. Al no tener prácticamente estratigrafía conservada, el objetivo era analizar a través del material los diferentes usos que pudieran tener las estancias e intentar establecer una secuencia temporal a partir de ese registro. Podemos distinguir tres momentos constructivos de una sola casa, con varias reformas durante un periodo de cerca de un siglo, que podríamos situar entre mediados del siglo VII a. n. e. y la segunda mitad del VI a. n. e.

Planta general de Valcuenda 3 con fases constructivas

Fig. 3. Planta general de Valcuenda 3 con fases constructivas.

La Fase 1 de Valcuenda 3 queda reflejada en las estructuras E-2 y E-3, previas a la configuración de los espacios de tendencia cuadrangular posteriores. Estratigráficamente, estas estructuras y niveles asociados se encuentran debajo de algunos de los muros de la Fase 2. La E-2 (Figs. 3 y 4.1) es una plataforma circular con una base de piedras de pequeño tamaño muy bien trabadas, enmarcadas perimetralmente con otras de tamaño medio y con un posible vano de acceso delimitado con piedras de mayor tamaño al suroeste, con un diámetro aproximado de 2.25 m. Podría corresponder a la base de un horno, siendo similar a algunas construcciones documentadas en la excavación de Las Calañas de Marmolejo (Jaén), donde se interpretaron como bases de hornos de alfar, por la proximidad de un vertedero con fallos de horno (Molinos et al., 1994Molinos Molinos, M., Rísquez Cuenca, C., Serrano Peña, J. L. y Montilla Pérez, S. (1994). Un problema de fronteras en la periferia de Tartessos: Las Calañas de Marmolejo (Jaén). Jaén: Universidad de Jaén., p. 22 y fig. 11). Sobre la plataforma no se aprecian evidencias de combustión o de uso. Otros investigadores han interpretado estas plataformas como bases de pequeñas unidades de almacenamiento, funcionando como un tipo de silos sobreelevados para una unidad familiar. Aunque al sur, apenas a 0.5 m, se documenta la E-3, un pequeño hogar de planta ligeramente ovalada, acotado perimetralmente con piedras pequeñas y conteniendo en su interior un nivel de cenizas, no podemos establecer una relación directa de la E-2 con actividades de combustión.

1: Estructuras E-2 y E-3. 2: Estructura E-1

Fig. 4. 1: Estructuras E-2 y E-3. 2: Estructura E-1.

La Fase 2 es el primer momento en el que podemos ver las estancias perfectamente definidas y diferenciadas de planta cuadrangular que configuran la casa. En esta segunda fase se diseñan, al menos, tres, acotadas por muros de mampostería conservados. Al sur, encontramos la estancia A, que se intuye de planta cuadrangular, de la que habían desaparecido los lados sur y oeste, y solo se conservaba la esquina noreste del muro que la separa de la C con un pequeño desnivel de apenas 30 cm que corrige la pendiente natural del terreno. Al norte se define el pequeño recinto cuadrangular del espacio B, ocupado en su mayor parte por la estructura E-4, dentro de la cual se trazan tres muros simétricos y paralelos, limitada por el oeste por un muro con un ángulo ligeramente agudo. La E-4 define un tipo de estructura que se viene interpretando como cimentaciones de graneros sobreelevados. Los muros paralelos sostendrían el entarimado de una pequeña estancia de almacenamiento de unos 3 × 3 m, con ventilación inferior gracias a los huecos entre los muros y orientación suroeste-noreste (Gracia, 1995Gracia Alonso, F. (1995). “Producción y comercio de cereal en el N.E. de la Península Ibérica entre los siglos VI-II A.C.”. Pyrenae, 26, pp. 91-113., figs. 1 y 3). Estructuras similares se documentan en El Palomar (Oliva de Mérida, Badajoz) (Jiménez y Ortega, 2001Jiménez Ávila, F. J. y Ortega Blanco, J. (2001). “El poblado orientalizante de El Palomar (Oliva de la Frontera, Badajoz). Noticia preliminar”. En: Ruiz Mata, D. y Celestino Pérez, S. (Eds.). Arquitectura oriental y orientalizante en la Península Ibérica. Madrid: CEPO-CEH, CSIC, pp. 227-248., pp. 234-235), Cerro Manzanillo (Villar de Rena, Badajoz) (Duque, 2007Duque Espino, D. M. (2007). “La colonización agraria orientalizante en la Cuenca Media del Guadiana”. En: Arqueología de la tierra. Paisajes rurales de la protohistoria peninsular. Cáceres: Universidad de Extremadura, pp. 45-69., p. 56), La Moleta del Remei (Alcanar, Tarragona), La Illeta dels Banyets (El Campello, Alicante), El Amarejo (Bonete, Albacete) (Pérez, 2000Pérez Jordà, G. (2000). “La conservación y la transformación de los productos agrícolas en el mundo ibérico”. En: Mata Parreño, C. y Pérez Jordà, G. (Eds.). Ibers. Agricultors, artesans i comerciants. III Reunió sobre Economia en el Món Ibèric. Saguntum, Extra 3. Valencia: Universidad de Valencia, pp. 47-68., p. 50), La Carbonera (La Guarda-Campanario, Badajoz) (Sánchez et al., 2013Sánchez Hidalgo, F., Sanabria Murillo, D., Menéndez Menéndez, A., Gibello Bravo, V. M. y Jiménez Ávila, J. (2013). “Entre Cancho Roano y La Mata: La estación rural post-orientalizante de La Carbonera (La Guarda-Campanario, Badajoz).” En: Jiménez Ávila, J., de los Santos Bustamante Álvarez, M. y García Cabezas, M. (Coords.). VI Encuentro de Arqueología del Suroeste Peninsular. Villafranca de los Barros: Ayuntamiento de Villafranca de los Barros, pp. 1097-1132., pp. 1106-1107), Peña Negra (Crevillent, Alicante) (Lorrio et al., 2020Lorrio Alvarado, A. J., Pernas García, S., Torres Ortiz, M., Trelis Martí, J., Camacho Rodríguez, P. y Castillo Vizcaíno, L. (2020). “Peña Negra (Crevillent, Alicante): La ciudad Orientalizante de Herna y su territorio”. En: Celestino Pérez, S. y Rodríguez González, E. (Eds.). Un viaje entre el Oriente y el Occidente del Mediterráneo. IX Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos / International Congress of Phoenician and Punic Studies. Mytra, 5. Mérida: Instituto de Arqueología de Mérida, pp. 521-540., pp. 526-529), o más recientemente en Alarcos (Ciudad Real) (Rodríguez-Rabadán, 2024Rodríguez-Rabadán Díaz-Cano, M. A. (2024). “El almacén de grano del Sector III del oppidum ibérico de Alarcos (Ciudad Real, España): análisis arquitectónico y valoración constructiva”. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la UAM, 50 (2), pp. 233-256. DOI: https://doi.org/10.15366/cupauam2024.50.2.009.) o el Cerro de las Cabezas (Valdepeñas, Ciudad Real) (Del Reguero, 2019Del Reguero González, J. (2019). “Reconfiguración y monumentalización de la puerta sur del oppidum oretano de El Cerro de las Cabezas (Valdepeñas, Ciudad Real) (ss. V-III a. C.)”. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la UAM, 45, pp. 225-238. DOI: https://doi.org/10.15366/cupauam2019.45.008.) con diferentes tamaños y cronologías. En el Alto Guadalquivir, el ejemplo más cercano de similares características es el de Las Calañas de Marmolejo (Molinos et al., 1994Molinos Molinos, M., Rísquez Cuenca, C., Serrano Peña, J. L. y Montilla Pérez, S. (1994). Un problema de fronteras en la periferia de Tartessos: Las Calañas de Marmolejo (Jaén). Jaén: Universidad de Jaén., p. 22).

En el extremo sur del espacio A se identifica la E-1, una construcción aislada, de planta circular con mampostería irregular de tamaño medio (Figs. 3 y 4.2). Tiene un diámetro de 1.90 m y un vano al noreste, con unos 0.30 m de alzado en el interior. Aunque no se aprecian evidencias de combustión, ni cenizas o restos refractados en su relleno (UE3) que indiquen ese uso, podemos interpretarlo a priori como un horno. Esta estructura presenta ciertos parecidos con la tipología de hornos con una cámara de combustión circular o ligeramente ovalada dividida en dos por un muro central de sustentación, que en nuestro caso no existe. Esta forma en ‘omega’ se generaliza entre los siglos VIII y V a. n. e. en Oriente y es el tipo que se exporta a las colonias fenicias del Mediterráneo Central y Occidental y a las propias factorías de la Península Ibérica (Sáez et al., 2004Sáez Romero, A., Montero Fernández, A. y Toboso Suárez, E. J. (2004). “Un antecedente centro-mediterráneo al complejo alfarero púnico de Torre Alta (San Fernando, Cádiz)”. En: Las industrias alfareras y conserveras fenicio-púnicas de la Bahía de Cádiz, XVI. Encuentros de Historia y Arqueología. Córdoba: Obra Social y Cultural CajaSur, pp. 201-236., fig. IV). Los referentes más similares son los documentados en la factoría agraria de Las Calañas de Marmolejo, donde se conservaban varias unidades superpuestas de este tipo, pero cimentadas sobre una base o un zócalo de mampuestos irregulares y cantos de mediano tamaño y muro central, que posteriormente serían forrados de adobe (Molinos et al., 1990Molinos Molinos, M., Serrano Peña, J. L. y Coba González, B. (1990). “Excavaciones arqueológicas en el asentamiento de ‘La Campiña’. Marmolejo, Jaén”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1988, III, pp. 197-203., p. 198).

Finalmente, inmediatamente por el norte, con un desnivel respecto a la habitación A, se encuentra la estancia C. Tiene unas dimensiones de 1.74 × 4 m y los muros parcialmente desaparecidos por la acción del pantano. La estratigrafía es mínima, apenas 20 cm sobre el nivel de suelo, que es la propia base geológica nivelada.

La Fase 3 de Valcuenda 3 se puede definir a partir de los exiguos elementos constructivos conservados de las estancias D y E. La estancia D, situada en la zona central, redefine y anula el antiguo espacio C. Por tanto, se establece un nuevo ambiente que ya no se adosa al almacén sobreelevado E-4. Tiene planta cuadrangular irregular, sin ángulos rectos y una anchura de unos 5.30 m. Constructivamente presenta características distintas, con muros más gruesos y mampostería de mayor tamaño. Al norte de la estancia D se definió el espacio E, de unos 7 × 7 m, prácticamente arrasado al comenzar la excavación. Aquí solo se pudo realizar una recogida sistemática del material de superficie mediante las cuadrículas trazadas y la prospección con detector de metales.

3.1.1. Distribución de materiales en Valcuenda 3

Del considerable volumen de cerámica recogida en Valcuenda 3, podemos determinar un número mínimo de 148 individuos. De estos, el 53 % corresponde a vajilla a torno y el restante 47 % a modelada a mano. De la vajilla a torno, el 38 % son producciones de pastas oxidantes con formas variadas, mientras que el restante 15 % son cocciones en pasta gris, prácticamente todas formas abiertas de platos de distintos diámetros.

Dentro de la vajilla realizada a mano se distinguen dos grupos bien definidos. Por un lado, con un porcentaje del 17 %, tenemos la vajilla bruñida fina, de pastas depuradas y buenos acabados, con bruñidos que le confieren un aspecto de tonos grises y negros. Posiblemente estuvieran decoradas con pinturas polícromas, que no se han conservado. Esta categoría está representada por recipientes abiertos de pequeño tamaño (inferiores a 20 cm) y distinta profundidad, platos y cazuelas con carenas más o menos marcadas y labios exvasados. El segundo grupo más numeroso (30 %) corresponde a la vajilla a mano de pastas groseras poco depuradas y acabados variados, bruñidos interiores y exteriores en la mayoría de las piezas, aunque muchas de ellas presentan simples espatulados o alisados, con decoraciones impresas de triángulos y zigzag, incisiones en el borde y aplicaciones plásticas de mamelones y botones, así como improntas de cestería. Las formas de este grupo tienen una proporción mayoritaria de recipientes abiertos, cazuelas y fuentes, morteros, pequeños cuencos, vasos, tapaderas, etc., y, por supuesto, también ollas globulares. Si atendemos a la distribución espacial y temporal de estos materiales podemos ver algunas diferencias.

Para la Fase 1 de Valcuenda 3 (Fig. 5), los niveles por debajo de las estancias A-B, asociados a las E-2 y E-3, presentan un predominio absoluto de la vajilla a mano.

Valcuenda 3. Fases 1-2: materiales de los espacios A-B-C

Fig. 5. Valcuenda 3. Fases 1-2: materiales de los espacios A-B-C.

La Fase 2 (Fig. 5), organizada alrededor de las estancias A-B-C, presenta marcadas diferencias en la distribución. En la A (niveles UE1 y UE5) predomina absolutamente la vajilla a mano y particularmente grosera reductora, con un total de 30 individuos, sobre 13 de bruñida fina. Entre esta podemos resaltar la presencia de un carrete anular en pasta grosera reductora y superficie bruñida, de sección cuadrada, y un ejemplar de mortero trípode en pasta grosera reductora y superficie alisada. En cuanto a la producción a torno, solo se identifican un plato de pasta gris y tres recipientes de grandes dimensiones para almacenaje o despensa con, al menos, un ánfora, además de un ejemplar de clepsidra, que encaja en un tipo característico del Alto Guadalquivir en el siglo VI a. n. e. (Pereira, 2006Pereira Sieso, J. (2006). “Una nueva forma en el repertorio cerámico protohistórico de la Península Ibérica: clepsidra”. Trabajos de Prehistoria, 63 (1), pp. 85-111. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2006.v63.i1.6.).

Al norte del almacén sobreelevado E-4 del espacio C las producciones a mano suponen más de la mitad de la vajilla, pero en un contexto de irrupción del torno, entre cuyos ejemplares encontramos piezas toscamente elaboradas, con deformaciones, frecuentes vacuolas y defectos de cocción en pastas y acabados. Ello es particularmente evidente en la cerámica gris, con pastas depuradas, pero cocciones defectuosas a baja temperatura. Es posible que la pequeña sala C pueda asociarse a actividades de almacenaje y despensa, complementando el uso del granero sobreelevado E-4.

La Fase 3 (Fig. 6) marca un cambio de tendencia hacia un claro dominio de las producciones a torno de buena calidad, como reflejan las aparecidas en la estancia E. Ahora podemos comprobar el uso generalizado de la vajilla a torno, que representa más del 90 % del total. La de pasta gris supone el 36 %, con platos de labio engrosado y bases apenas indicadas. Puntualmente aparecen pies anulares elevados de influencia Orientalizante. La vajilla a torno oxidante constituye el 53 %, con recipientes contenedores de gran tamaño destinados a despensa y almacenaje. También se documentan recipientes para transporte, como ánforas y urnas de orejetas. Los recipientes abiertos son fuentes de labios exvasados y, en algunos casos, con asas de espuerta. Gran parte de las decoraciones pintadas se han perdido por la acción erosiva del embalse. Aun así, se conservan franjas anchas de bandas rojas, círculos concéntricos y aguas. La presencia de asas geminadas o triples entre el labio y cuello de los recipientes se puede apreciar en las Fases 2 y 3 de Valcuenda 3.

Valcuenda 3. Fase 3: materiales de los espacios D-E

Fig. 6. Valcuenda 3. Fase 3: materiales de los espacios D-E.

En líneas generales, resulta evidente la transformación de la vajilla desde la Fase 1 a la 2, cuando irrumpe la vajilla a torno. Ya en el paso de la Fase 2 a la Fase 3, se aprecia una rápida sustitución de los platos carenados modelados a mano por los de pastas grises a torno, así como la desaparición de varios tipos de vajilla a mano bruñida de tamaño medio, que a lo largo del siglo VI a. n. e. serán sustituidos por recipientes a torno, particularmente los relacionados con almacenamiento y despensa.

En Valcuenda 3 destaca la abundante presencia de instrumental lítico, como moledoras y fragmentos de martillos, así como una reducida muestra de hojas de cuarcita, en ausencia de cualquier tipo de sílex.

Los trabajos alrededor de la minería y metalurgia debieron ser actividades destacadas en esta casa. A lo largo de toda la intervención se han documentado ampliamente escorias de fundición de cobre, hierro y, fundamentalmente, de plomo, desde pequeños fragmentos de unos gramos hasta bloques de mayor peso. No se ha hallado ningún horno o evidencias del proceso de fundición en la excavación. Es probable que esas actividades se desempeñaran al aire libre, en el entorno inmediato del sector excavado y que, por ello, no hayan podido ser localizadas.

En el entorno de Giribaile se encuentran algunas importantes explotaciones mineras (Gutiérrez Guzmán, 2011Gutiérrez Guzmán, F. (2011). Catálogo minero del distrito Linares - La Carolina. Linares: Ilustre Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Minas de Linares, Granada, Jaén y Málaga. Gráficas Zapata, S. L. U. Linares.). En las inmediaciones de Valcuenda, a unos 3.5 km al noreste, se extiende una franja minera dedicada a la explotación principalmente de cobre, plata-plomo y restos ferrosos, conocida como la mina de Los Cuatro Amigos y, a 4 km al norte, la denominada fundición La Laguna, que estuvo en funcionamiento en época ibérica tardía y romana republicana, en los siglos II y I a. n. e. (Arboledas, 2007Arboledas Martínez, L. (2007). Minería y metalurgia romana en el Alto Guadalquivir: aproximación desde las fuentes escritas y el registro arqueológico. Tesis Doctoral. Universidad de Granada. Accesible en: http://hdl.handle.net/10481/1632., pp. 631-640; Arboledas et al., 2014Arboledas Martínez, L., Contreras Cortés, F. y Moreno Onorato, A. (2014). “La explotación minera antigua en Sierra Morena Oriental y su vinculación con el territorio”. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 24, pp. 111-145. DOI: https://doi.org/10.30827/cpag.v24i0.4090., p. 118, fig. 2; pp. 123, 132, fig. 5; Arboledas, 2015Arboledas Martínez, L. (2015). “Explotación y organización de un territorio minero del sur de Hispania: Sierra Morena oriental”. Onoba, 3, pp. 79-103. DOI: https://doi.org/10.33776/onoba.v0i3.2602., p. 95, fig. 8).

El resultado de los procesos metalúrgicos puede deducirse, además, por el hallazgo en el espacio B de la casa de un lingote de plata depurada (Fig. 7). Se trata de un pequeño disco en forma de botón y sección cóncava, de unos 2.2 cm de diámetro y 0.5 cm de grosor, con un peso de 13.5 g. Esta pieza tiene una posible marca en su anverso y una perforación en el reverso, probablemente incisa con punzón de sección cuadrada. Otros elementos metálicos, como anillos de bronce o láminas de plomo, a veces enrolladas como pesas de redes de pesca, forman parte del material metálico recuperado y refuerzan la idea de una acumulación estratégica de metales como parte de la economía del grupo familiar.

Valcuenda 3. Lingote de plata con marca

Fig. 7. Valcuenda 3. Lingote de plata con marca.

3.2. Valcuenda 6

Se encuentra al borde de una terraza de la margen izquierda del río Guadalimar, a unos 150 m del cauce y con un buen control visual de la vega. Los restos arqueológicos conservados ocupan apenas 450 m2, que se han excavado completamente (Fig. 8).

Planimetría de Valcuenda 6. Fase Ibérico Antiguo

Fig. 8. Planimetría de Valcuenda 6. Fase Ibérico Antiguo.

La excavación documentó la superposición estratigráfica de dos momentos bien diferenciados: uno de pleno siglo VI a. n. e. y otro posterior, de finales del siglo I a. n. e. Dado que la ocupación tardoibérica se asienta sobre las ruinas previas, reutilizando algunos muros, la dificultad principal fue adscribirlas correctamente y obtener una planimetría de cada uno de los momentos.

El primer desarrollo de este sitio corresponde a una pequeña unidad con un diseño unitario en el que no se detecta superposición de estructuras, aunque se reconocen algunas modificaciones puntuales de los espacios. Esa regularidad del trazado inicial seguramente responde a un marco temporal muy corto. El conjunto tiene rasgos muy parecidos a los documentados en Valcuenda 3 y 5, como la aparición de plataformas circulares de piedra y muros paralelos de graneros sobreelevados. La superficie ocupada por esta fase es inferior a los 200 m². Los muros estaban realizados con zócalo de piedra y alzado de tapial, con mampostería irregular de pequeño tamaño y grosores variables entre 0.40 y 0.60 m. Parte de las ruinas de la casa fueron reaprovechadas a mediados del siglo I a. n. e. y otras demolidas. Es por ello que parte de las cimentaciones no se conservan, lo que impide en algunos casos que se puedan definir estancias completas.

La orientación principal es noreste-suroeste, conformando plantas de tendencia cuadrangular, ya que algunos muros se abren en ángulos abiertos. La planta constituye una yuxtaposición de edificaciones que conforman un bloque homogéneo de hábitat, con ambientes funcionales diferenciados. Entre estos podemos distinguir los 3, 4, 5, 15 y 18, en torno al sector semicubierto 6-13, y las zonas abiertas 1 y 14, donde encontramos usos de almacenaje.

Entre las construcciones más significativas destacan las estructuras E-1, E-2, E-3, con características similares a las ya documentadas en Valcuenda 3. La E-1 corresponde a un almacén sobreelevado, con unas dimensiones de 3.8 × 2.3 m, sostenido sobre tres muros o pilares rectangulares, paralelos y simétricos, con una anchura de 1 m y una longitud de 2.25 m. Entre ellos queda un hueco libre de 0.35-0.45 m. Los tres pilares o muros sostendrían un entarimado de madera que conformaría una estancia diáfana con presumible función de granero, con ventilación inferior gracias a los huecos entre los muros. La cimentación que la sostiene es notablemente más ancha y de aspecto más potente que en Valcuenda 3.

En el extremo oeste de la casa, adosada a esta, se construyó la E-2, una plataforma circular de unos 2.5 m de diámetro, delimitada con mampostería de mayor tamaño en su contorno, similar a la E-2 de Valcuenda 3. Tampoco podemos aquí relacionar esta construcción con actividades de combustión, dada la ausencia de elementos refractados o de carbones, ni por la existencia en las proximidades de otras estructuras destinadas a esa actividad, como la E-3 de Valcuenda 3. Con esta estructura volvemos a tener las mismas dudas que allí, no descartando una función de almacenaje o despensa, tal como se ha propuesto para las ya mencionadas de Extremadura y Levante. Por otro lado, la E-3 corresponde a un empedrado circular, ligeramente ovalado, de 2 × 1.75 m. En este caso, sí se pudieron documentar evidencias de actividades de combustión.

La habitación 15, de unos 10 m², destaca en la casa por presentar un hogar circular en el centro, de un diámetro aproximado de 0.70 m (E-4). Se trata de una delgada capa de arcilla refractada que sella un recipiente cerámico fragmentado y completo, encajado en una oquedad del terreno excavada en la base geológica, que podemos datar en pleno siglo VI a. n. e. (Fig. 9.1). Este hogar responde a un claro ritual fundacional de la casa, que se ha observado en otros contextos cronológicamente similares, como los documentados en Peña Negra (Lorrio et al., 2020Lorrio Alvarado, A. J., Pernas García, S., Torres Ortiz, M., Trelis Martí, J., Camacho Rodríguez, P. y Castillo Vizcaíno, L. (2020). “Peña Negra (Crevillent, Alicante): La ciudad Orientalizante de Herna y su territorio”. En: Celestino Pérez, S. y Rodríguez González, E. (Eds.). Un viaje entre el Oriente y el Occidente del Mediterráneo. IX Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos / International Congress of Phoenician and Punic Studies. Mytra, 5. Mérida: Instituto de Arqueología de Mérida, pp. 521-540., pp. 527-528).

1. Hogar ritual E-4. 2: Recipiente fragmentado debajo

Fig. 9. 1. Hogar ritual E-4. 2: Recipiente fragmentado debajo.

3.2.1. Distribución de materiales en Valcuenda 6

Valcuenda 6 no destaca por la abundancia de cerámica y solo se ha podido determinar un número mínimo de 73 individuos. De estos, el 92 % es vajilla a torno y el restante 8 %, modelada a mano. De entre la vajilla a torno, el 73 % son producciones de pastas oxidantes con formas variadas, mientras que el restante 19 % corresponde a pastas grises, y prácticamente todo el repertorio de estas últimas son formas abiertas de platos de distintos diámetros (Fig. 10).

Valcuenda 6. Materiales por espacios

Fig. 10. Valcuenda 6. Materiales por espacios.

Dentro de la vajilla a mano se distinguen dos grupos bien definidos, pero muy escasos en comparación con las producciones a torno. Por un lado, el 4 % es vajilla a mano de pastas groseras poco depuradas y acabados variados, leves alisados e improntas de cestería. Por otro lado, con un porcentaje similar (4 %), tenemos la vajilla bruñida fina, de pastas más depuradas y acabados bruñidos. Esta categoría está representada principalmente por recipientes abiertos de pequeño tamaño (inferiores a 20 cm) y distinta profundidad, principalmente platos y cazuelas con carenas más o menos marcadas y labios exvasados. Con estos porcentajes de vajilla a mano, podemos descartar la existencia de una fase temprana en Valcuenda 6 coetánea al primer momento de Valcuenda 3, es decir, de la segunda mitad del siglo VII a. n. e. De esta forma, debemos fijar la secuencia inicial de Valcuenda 6 en un periodo de la primera mitad del siglo VI a. n. e. que quizá se extienda a mediados de siglo.

4. DISCUSIÓN  

Los cuatro sitios excavados, completa o parcialmente, en el paraje de Valcuenda, han permitido analizar el tipo de poblamiento que se produce en el valle del río Guadalimar entre la segunda mitad del siglo VII y a lo largo del siglo VI a. n. e. Las viviendas son unidades complejas de superficies reducidas, de entre 200-300 m2, donde no encontramos trazas de las cabañas del Bronce Final. Frente a aquella forma de construcción tradicional y aldeana, la ocupación en el valle del Guadalimar refleja los rápidos y profundos cambios en el tipo de hábitat en ese periodo, en consonancia con el resto del horizonte ibero en el Alto Guadalquivir. La nueva formulación de las viviendas angulares compartimentadas se desarrolla simultáneamente tanto en los incipientes oppida como en los entornos rurales y, si acaso, con mayor libertad en estos últimos, al no encontrarse constreñidos por los límites de la manzana urbana.

El patrón que hemos visto, siguiendo el cauce del río Guadalimar y algunos afluentes de mayor entidad, como el arroyo Valdecanales, recuerda las densidades documentadas en algunas partes de las campiñas de Lopera, Marmolejo, Arjonilla o Porcuna (Ruiz y Molinos, 1989Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (1989). “Fronteras: un caso del siglo VI a. C.” Fronteras. Arqueología Espacial, 13, pp. 121-135.), o en el entorno de Montoro (Murillo y Morena, 1992Murillo Redondo, J. F. y Morena López, J. A. (1992). “El poblamiento rural en el arroyo de Guadatín: un modelo de ocupación del territorio durante el Bronce Final y el periodo Orientalizante en el valle medio del Guadalquivir”. Anales de Arqueología Cordobesa, 3, pp. 37-50.). Entre el ámbito de aquella colonización, limitada hasta una franja de terreno entre las actuales provincias de Córdoba y Jaén, y la zona de Giribaile hay una distancia de más de 50 km, por lo que son dos fenómenos completamente diferentes. En el caso de las campiñas bajas de Córdoba y Jaén, se ha propuesto que su origen puede haber sido tanto la conquista de nuevos territorios desde el horizonte tartésico del Bajo Guadalquivir, como la captación de más tierras desde grandes núcleos protoibéricos (Ruiz y Molinos, 1989Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (1989). “Fronteras: un caso del siglo VI a. C.” Fronteras. Arqueología Espacial, 13, pp. 121-135., p. 133; Molinos et al., 1994Molinos Molinos, M., Rísquez Cuenca, C., Serrano Peña, J. L. y Montilla Pérez, S. (1994). Un problema de fronteras en la periferia de Tartessos: Las Calañas de Marmolejo (Jaén). Jaén: Universidad de Jaén., p. 164). A esa expansión pone límite una barrera de pequeños asentamientos fortificados que se establecen desde el siglo VI a. n. e., como Cerro de la Coronilla de Cazalilla (Jaén) (Ruiz et al., 1983Ruiz Rodríguez, A., Molinos Molinos, M., López Rozas, J., Crespo García, J. M., Choclán Sabina, C. y Hornos Mata, F. (1983). “El horizonte Ibérico Antiguo del Cerro de La Coronilla (Cazalilla, Jaén). Cortes A y F”. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, 8, pp. 251-299.; Molinos et al., 1994Molinos Molinos, M., Rísquez Cuenca, C., Serrano Peña, J. L. y Montilla Pérez, S. (1994). Un problema de fronteras en la periferia de Tartessos: Las Calañas de Marmolejo (Jaén). Jaén: Universidad de Jaén., 2015Molinos Molinos, M., Ruiz Rodríguez, A., Serrano Peña, J. L., Rísquez Cuenca, C., Hornos Mata, F., López Rozas, J…. y Montilla Pérez, S. (2015). “La torre de la Atalaya de Cazalilla y la factoría agraria de Las Calañas”. En: Ruiz Rodríguez, A. y Molinos, M. (Eds.). Jaén, tierra ibera. 40 años de investigación y transferencia. Jaén: Universidad de Jaén, Servicio de Publicaciones, pp. 37-43.).

De las campañas de prospección llevadas a cabo por el equipo de Gutiérrez Soler, podemos concluir que la mayor parte de los sitios que ocupaban el valle se localizan entre la unión de los ríos Guadalimar y Guadalén, a unos 3 km más abajo de la presa de Giribaile, hasta unos 10 km aguas arriba. Más allá ya no se detecta la densidad con que aparecen en el entorno de la meseta de Giribaile, de manera que, a partir de allí, solo se encuentran algunos puntos aislados al borde del río Guadalimar, particularmente cerca de vados. Esa acotación del escenario de explotación agraria del valle del Guadalimar tiene que ver, fundamentalmente, con el límite de las tierras de mayor potencialidad agrícola y aprovechables. En el entorno de Giribaile, el valle es ancho y fértil, pero a partir del paraje de Fuenmarina/Las Cabreras se estrecha y el río se encajona entre alturas rocosas del piedemonte de Sierra Morena. Aguas arriba de esta zona, debía extenderse un inmenso bosque mediterráneo que abarcaba el extremo oriental de la actual provincia de Jaén, que desde la Loma de Úbeda alcanzaba las sierras de Cazorla, Segura y El Condado, y Sierra Mágina por el sur (Ruiz, 2007Ruiz Rodríguez, A. (2007). Discurso de ingreso de don Arturo Ruiz Rodríguez en el Instituto de Estudios Giennenses. Jaén: Diputación Provincial de Jaén / Instituto de Estudios Giennenses., p. 25). Tanto en los trabajos de Gutiérrez Soler como en otras prospecciones llevadas a cabo a lo largo del curso bajo y medio del río Guadalimar, particularmente entre Castulo y Giribaile, tampoco se ha detectado esa densidad de enclaves ibéricos en llano junto al río o en las campiñas inmediatas (López et al., 1992López Rozas, J., Crespo García, J. M. y Zafra de la Torre, N. (1992). “Prospección arqueológica superficial en la cuenca del Guadalquivir, valle del Guadalimar, provincia de Jaén. Campaña de 1991”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1991. Actividades Sistemáticas, pp. 279-282.; Gutiérrez et al., 1995Gutiérrez Soler, L. M., Royo Encarnación, M. Á., Barba Colmenero, V. y Bellón Ruiz, J. P. (1995). “Informe sobre la primera campaña de prospección superficial en el Guadalimar medio-hinterland de Cástulo”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1992, II, pp. 249-256., 1999aGutiérrez Soler, L. M., Royo Encarnación, M. Á., Barba Colmenero, V. y Bellón Ruiz, J. P. (1999a). “Informe de la segunda campaña de prospección superficial en el Guadalimar medio-hinterland de Cástulo”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1994, II, pp. 113-118.). En definitiva, todo apunta a que la colonización agraria en este sector del río Guadalimar es un fenómeno específico del entorno de Giribaile durante los siglos VII-VI a. n. e. que estuvo determinado por un concreto territorio estratégico de gran capacidad de aprovechamiento agrícola (Fig. 11).

El área de estudio antes de la construcción del embalse de Giribaile

Fig. 11. El área de estudio antes de la construcción del embalse de Giribaile.

La potencialidad agrícola se refleja en los resultados de los análisis carpológicos. Estos, aunque escasos por las circunstancias erosivas del embalse, son indicativos de una economía campesina, en la que el cereal es la base de la dieta. Las muestras más concluyentes proceden de Valcuenda 3, donde los cereales (Hordeum vulgare y Triticum aestivum/durum) suponen los mayores valores del conjunto de muestras en el entorno del almacén sobreelevado, seguidos de Olea europaea sylvestris y leguminosas11 Montes Moya, E. (2024). Informe carpológico de las muestras procedentes de la excavación arqueológica de urgencia en el paraje Valcuenda. Término municipal de Rus (Jaén). Laboratorio de Paleoambiente. Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica. Universidad de Jaén.. También de Valcuenda 3, la poca fauna recuperada aporta información sobre la ganadería durante el periodo, en la que parece aumentar la importancia del ganado bovino en las fases más avanzadas del siglo VI a. n. e. frente al ovicaprino, más frecuente en las fases previas de finales del VII-inicios del VI a. n. e.22 Riquelme, J. A., Ruiz, A. y Morales, M. (2025). Informe faunístico sobre los restos óseos animales recuperados en el sitio arqueológico de Valcuenda-3 (Rus, Jaén). Laboratorio de Paleoambiente. Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica. Universidad de Jaén.

La cuestión esencial que plantea el caso del valle del Guadalimar es si, durante la desarticulación del sistema gentilicio que rigió las sociedades del Bronce Final, se pudieron dar situaciones de apropiación de los medios de producción por parte de grupos familiares al margen de las emergentes aristocracias que pugnaban por el dominio del territorio.

Cada uno de los sitios excavados revela plantas complejas, compartimentadas, con espacios diversificados y funcionales, gracias a la generalización de la planta cuadrangular. En las casas aparecen áreas de almacenamiento y acumulación de excedente, junto a otras estancias de producción y residencia. Esa forma de organización espacial desplegada en el territorio implica su apropiación y uso desde una posición que cabe interpretarse como campesina, lo que en definitiva rompe el orden gentilicio aldeano del Bronce Final. Pero ello se produce en un momento en el que parece estar definiéndose el control de los medios de producción por parte de los primeros príncipes iberos, mediante la reformulación de las relaciones entre grupos familiares, orientándolas hacia la clientela, dentro de un nuevo concepto urbano, el oppidum (Ruiz y Molinos, 2007Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (2007). Iberos en Jaén. Jaén: Universidad de Jaén. Servicio de Publicaciones., pp. 141-143). El panorama de las campiñas de Jaén y Córdoba entre los siglos VI-II a. n. e. corrobora que ese fue el único modelo que prosperó en el territorio, siendo el recinto urbano el marco de las relaciones en las comunidades y descartándose el hábitat directo en los campos. Probablemente, ese devenir tuviera que ver con la realidad impuesta de que la tierra era propiedad de la comunidad, pero gestionada por la aristocracia que, en definitiva, se erigía en su detentora real. De ese modo, es posible que cuando esa transformación de la propiedad de la tierra se estaba gestando, se pudieran dar situaciones específicas como la que estamos observando, en la que la tierra podría haber estado en manos de sus cultivadores directos.

No obstante, parece muy difícil de admitir que pudiera prosperar un poblamiento ibérico de la densidad que se aprecia en los valles del Guadalimar y Guadalén, con capacidad de acumulación de excedente y de explotación de filones metalíferos estratégicos, sin intervención aristocrática desde un núcleo urbano. En esta región, el oppidum más cercano es precisamente Castulo y, prácticamente, el único en el curso del río hasta la fundación de Giribaile en el siglo IV a. n. e. El campo visual desde Castulo hacia su entorno inmediato es muy limitado, dado que se encuentra en el fondo del valle del Guadalimar. A pesar de ello, los dos únicos puntos que se divisan en el horizonte desde allí son los poblados de Iliturgi, a 15 km al suroeste, junto a la desembocadura del río, y Giribaile, a 15 km aguas arriba (Fig. 12).

Visibilidad combinada desde Castulo a 16 km

Fig. 12. Visibilidad combinada desde Castulo a 16 km.

Castulo, con un recinto amurallado de unas 45 has., es el mayor oppidum al norte del Guadalquivir. La excavación de un amplio sector de su muralla noreste y la denominada Torre Púnica, al noroeste, ofrecen datos claros de la construcción de la fortificación en época Orientalizante (Blázquez, 1979Blázquez, J. M. (1979). Cástulo III. Excavaciones arqueológicas en España. Madrid: Ministerio de Cultura, Dirección General del Patrimonio Artístico, Archivos y Museos, Subdirección General de Arqueología.; Campos y Parrilla, 2012Campos López, D. y Parrilla Sánchez, J. (2012). “Intervención arqueológica en el lienzo noreste de la muralla de Cástulo”. En: Leis Sánchez, V., Martínez Aguilar, L. y Rabaneda Sánchez, L. (Coords.). I Congreso de Historia de Linares. Linares, abril de 2008. Linares: Centro de Estudios Linarenses / Diputación Provincial de Jaén, pp. 49-63.; Soto, 2016Soto Civantos, M. (2016). Actividad arqueológica correspondiente a la fase I del proyecto general de investigación “Siglo XXI en Cástulo”, Linares (Jaén) denominada “Cartago en Cástulo, actividad 2.2 Torre Púnica”. Linares: Junta de Andalucía, Consejería de Cultura. Accesible en TABULA, Repositorio de Investigación y Difusión del Patrimonio Histórico: http://hdl.handle.net/20.500.11947/27216.), superponiéndose a niveles de hábitat del Bronce Final, también identificados en la meseta (Soto, 2020Soto Civantos, M. (2020). Actividad arqueológica de urgencia en la zona arqueológica de Cástulo. Linares (Jaén). Linares: Junta de Andalucía, Consejería de Cultura. Accesible en TABULA, Repositorio de Investigación y Difusión del Patrimonio Histórico: http://hdl.handle.net/20.500.11947/24863.). Esta fase es mejor conocida en su extremo sur, que excede del recinto amurallado, extendiéndose hasta el Cerro de la Muela, con lo que la superficie ocupada es indudablemente mucho mayor. La relevancia del Bronce Final en Castulo se ha puesto de manifiesto también en relación con hallazgos de este periodo, destacando el santuario de La Muela y talleres metalúrgicos (Blázquez y García-Gelabert, 1992Blázquez, J. M. y García-Gelabert, M. P. (1992). “Secuencia histórica de Castulo (Linares, Jaén)”. En: Estudios de arqueología ibérica y romana. Homenaje a Enrique Pla Ballester. Trabajos Varios del Servicio de Investigación Prehistórica, 89. Valencia: SIP, pp. 391-396.; Ruiz y Molinos, 1993Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (1993). Los Iberos. Análisis arqueológico de un proceso histórico. Barcelona: Crítica.; García-Gelabert y Blázquez, 1994García-Gelabert, M. P. y Blázquez, J. M. (1994). “La importancia de Castulo (Linares) en la Alta Andalucía”. En: Actas del II Congreso de Historia de Andalucía. Córdoba, 1991. Córdoba: Junta de Andalucía, pp. 331-343., 1996García-Gelabert, M. P. y Blázquez, J. M. (1996). “Relación entre el proceso histórico: Tartessos/colonización fenicia y la Alta Andalucía”. En: Querol, M. A. y Chapa, T. (Eds.). Homenaje al profesor Manuel Fernández Miranda. Complutum extra, 6. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Vol. I, pp. 327-338.). La distancia desde Castulo hasta los asentamientos del Bronce Final u Orientalizantes de su entorno es de unos 15 km (Ruiz, 1987Ruiz Rodríguez, A. (1987). “Ciudad y Territorio en el poblamiento ibérico del Alto Guadalquivir”. En: Los asentamientos ibéricos ante la romanización. Madrid: Ministerio de Cultura / Casa de Velázquez, pp. 9-19.). En los valles del Guadalimar-Guadalén no se desarrollaron nuevos núcleos urbanos amurallados durante los siglos VII-VI a. n. e., aun cuando existía poblamiento del Bronce Tardío (García-Gelabert y Blázquez, 1994García-Gelabert, M. P. y Blázquez, J. M. (1994). “La importancia de Castulo (Linares) en la Alta Andalucía”. En: Actas del II Congreso de Historia de Andalucía. Córdoba, 1991. Córdoba: Junta de Andalucía, pp. 331-343.), lo que nos lleva a deducir una concentración de población en Castulo y otros centros como el propio Giribaile. Ello coincide con la apertura de nuevas rutas comerciales y el desarrollo de un comercio de productos suntuarios con ambientes fenicios y tartésicos del suroeste (García-Gelabert y Blázquez, 1996García-Gelabert, M. P. y Blázquez, J. M. (1996). “Relación entre el proceso histórico: Tartessos/colonización fenicia y la Alta Andalucía”. En: Querol, M. A. y Chapa, T. (Eds.). Homenaje al profesor Manuel Fernández Miranda. Complutum extra, 6. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, Vol. I, pp. 327-338.) y la irrupción de instrumentos de hierro, que parecen haber provocado un abandono generalizado de los poblados mineros durante el Bronce Final (Contreras et al., 2010Contreras Cortés, F., Moreno Onorato, M. A. y Cámara Serrano, J. A. (2010). “Los inicios de la minería. La explotación del mineral de cobre”. En: Contreras Cortés, F. y Dueñas Molina, J. (Dirs.). La minería y la metalurgia en el Alto Guadalquivir: desde sus orígenes hasta nuestros días. Jaén: Instituto de Estudios Giennenses / Diputación Provincial de Jaén, pp. 43-121., p. 55).

Ante este panorama, la desaparición de la aldea de Giribaile y la aparición de casas en llano puede tener, al menos, dos lecturas, que por el momento resultan irresolubles. Por un lado, podríamos estar asistiendo al desarrollo particular y singular de una comunidad que elige una estructura política y social de tendencia igualitaria, que rompe con la dinámica del Bronce Final de desarrollo del concepto urbano como escenario de las relaciones aristocráticas fraguadas durante la Edad del Bronce. Esa comunidad se desliga de la tendencia a la nucleación y la formación del oppidum, rechazando la autoridad aristocrática y ocupando directamente la tierra y las explotaciones mineras de su entorno. En el Alto Guadalquivir, esta sería una situación excepcional para la que no tenemos paralelos, que en su momento incluso pudo ser propuesta como una línea de análisis de situaciones parecidas. En las campiñas bajas del valle del Guadalquivir, entre Córdoba y Jaén, la reacción a esa situación pudo ser la reintegración de las pequeñas factorías a los grandes centros y la construcción de fortificaciones (Ruiz y Molinos, 2007Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (2007). Iberos en Jaén. Jaén: Universidad de Jaén. Servicio de Publicaciones., pp. 143-144). Ese podría ser el caso que nos ocupa, porque todos esos pequeños lugares se abandonan antes del siglo V a. n. e., pero no regresan a Giribaile, sino probablemente a Castulo, sumándose a la mezcla de gentes procedentes de antiguos poblados abandonados.

Por otro lado, otra lectura del origen de este tipo de poblamiento podría estar precisamente en el interés de Castulo por controlar un territorio estratégico, abortando la formación de un oppidum en Giribaile que pudiera competir por los recursos. De este modo, impidiendo la formación de una ciudad y el ascenso de su aristocracia local, se aseguraba la capacidad de explotación de los filones y el flujo de metales desde este sector de Sierra Morena, pero manteniendo a la población del antiguo poblado del Bronce Final fuera de la meseta elevada. Para nosotros, esa parece la interpretación más convincente para explicar la aparición de un gran número de asentamientos en el entorno de Giribaile, la desaparición del poblado del Bronce Final y la inexistencia de un oppidum desde el siglo VII a. n. e.

Si seguimos este planteamiento, tendríamos que suponer que la iniciativa de ocupación del valle del Guadalimar obedeció a un plan organizado desde Castulo para ejercer un dominio absoluto sobre su río y los recursos de esa región del piedemonte de Sierra Morena. Ese dominio le permitió vigilar el establecimiento de población en una región estratégica por la existencia de minas de cobre, plomo, plata y también de hierro, en un contexto de rápida transición a la tecnología de este último metal. En este supuesto, descartar la fundación de una aldea fortificada para sustentar la explotación del territorio podría explicarse tanto por la inexistencia de una arquitectura política estatal, la ausencia de servidumbre territorial entre príncipes, como por la necesidad de evitar el ascenso de otros príncipes y otras comunidades con las que tuviera que rivalizar.

El poblado del Bronce Tardío y Final en la meseta de Giribaile ha sido detectado estratigráficamente en varios puntos sondeados del oppidum ibero, pero al no contar con datos sobre sus características, no podemos saber si fueron las gentes de allí quienes, en el momento de formación de los oppida, abandonaron el cerro para ocupar las tierras fértiles del valle con unidades familiares y si, en un momento inicial, convivieron ambos. La única datación absoluta del Bronce Final obtenida en Giribaile, en la muralla excavada en la campaña de 2018, demuestra que la aldea aún existía entre mediados del siglo VIII y principios del siglo VII a. n. e. (Ortiz, 2017Ortiz Villarejo, A. J. (2017). Giribaile: Estrategias de ocupación económica asociadas al dominio del territorio durante los siglos IV y III a.C. Tesis Doctoral. Universidad de Jaén. Accesible en: http://hdl.handle.net/10953/929., p. 241; Gutiérrez et al., 2021Gutiérrez Soler, L. M., Ortiz Villarejo, A. J., Montanero Vico, D. y Alejo Sáez, J. A. (2021). “¿La fortificación ibérica de Giribaile? Caracterización formal e interpretación arquitectónica de la muralla de cajones”. Pyrenae, 52 (2), pp. 35-60. DOI: https://doi.org/10.1344/Pyrenae2021.vol52num2.2., p. 48). No obstante, Gutiérrez Soler plantea que “el poblado de cabañas de la Edad del Bronce pudiera alcanzar el periodo Orientalizante, aunque el horizonte Ibérico Antiguo no está bien representado en los materiales cerámicos (…) en superficie en la intervención de prospección arqueológica microespacial realizada en 2004-2005” (Gutiérrez Soler, 2011Gutiérrez Soler, L. M. (2011). Guía arqueológica de Giribaile. Jaén: Junta de Andalucía / ASODECO., p. 100).

Algo similar puede decirse del extenso poblado del Cerro del Salto, a unos 3 km al suroeste de Giribaile. Este poblado del Bronce Pleno y Tardío tiene un hiato de abandono entre sus fases IV y VI. Este último momento presenta restos de cabañas ovaladas superpuestas a otras construcciones más antiguas. Según sus excavadores, la cultura material de la última fase se situaría en un ambiente del siglo VIII a. n. e., pero la aparición de un peine de marfil en esos niveles la rebajaría a la segunda mitad del siglo VII o principios del siglo VI a. n. e. (Nocete et al., 1986Nocete Calvo, F., Crespo García, J. M. y Zafra de la Torre, N. (1986). “Cerro del Salto. Historia de una Periferia”. Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada, 11, pp. 171-198., pp. 194-196; Hornos et al., 1987Hornos Mata, F., Nocete Calvo, F., Crespo García, J. M., Zafra de la Torre, N. y Martínez de la Torre, M. V. (1987). “Excavación de urgencia en el Cerro del Salto de Miralrío, Vilches, Jaén”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1985, III, pp. 192-198.). Probablemente, la cultura material retardataria que se apunta para la vajilla no lo es tanto, y se trata más bien de materiales contextualizados en un ambiente similar a la primera fase de Valcuenda 3, en la que predomina ampliamente la cerámica a mano bruñida fina, que debemos enmarcar en un periodo entre mediados y finales del siglo VII a. n. e., un momento en el que la circulación de productos de prestigio orientalizantes, como los peines de marfil, podrían encajar perfectamente. De este modo, el abandono de la Fase IV podría explicarse por la concentración de población en la aldea del Bronce Final de Giribaile, mientras que la reocupación de algunas partes durante la Fase VI coincidiría con el primer momento de los pequeños asentamientos dispersos en el valle. En este escenario, debemos recordar la aparición de un posible ajuar funerario Orientalizante en el entorno de Giribaile (Bandera, 2000Bandera Romero, M. L. de la (2000). “Orfebrería Tartésica-Turdetana: Una nueva aportación en la cadena de producción”. SPAL, 9, pp. 405-420. DOI: https://doi.org/10.12795/spal.2000.i9.22.) que, aunque procede de expolio, está indicando la circulación de elementos de prestigio en un momento en el que se está impulsando una primera fase de ocupación dispersa del territorio. No obstante, hay que tener en cuenta la amortización de piezas singulares como estas, que pueden haber tenido un largo recorrido en el tiempo, pudiendo pertenecer a tumbas muy posteriores.

La colonización del valle del Guadalimar podría haberse iniciado en la segunda mitad del siglo VII a. n. e. según los materiales que aparecen en la Fase 1 de Valcuenda 3, por lo que sería coherente establecer su origen en la propia aldea de Giribaile. En apoyo de esta interpretación, se puede argumentar que la densidad y proximidad de las casas entre sí sugiere una filiación de las familias campesinas a grupos extendidos de la antigua comunidad aldeana del Bronce, de manera que los que se asentaban en el poblado y trabajaban ciertas parcelas serían los mismos que ocuparon el territorio mediante unidades familiares, buscando una proximidad espacial por razones de consanguineidad y cooperación, algo que ya había apuntado Luis Gutiérrez para explicar la densidad del poblamiento (Gutiérrez Soler, 1998Gutiérrez Soler, L. M. (1998). “Roma y el poder local en el territorio del oppidum de Giribaile”. En: Aranegui, C. (Ed.). Actas del Congreso Los Iberos, Príncipes de Occidente: Estructuras de Poder en la Sociedad Ibérica. Barcelona: Fundación La Caixa, Sagvntvm Extra 1. Sección III, pp. 405-412., p. 407; Gutiérrez y Lechuga, 2011Gutiérrez Soler, L. M. y Lechuga, M. A. (2011). “El territorio. Interpretación de la ocupación ibérica del valle”. En: Gutiérrez Soler, L. M. Guía arqueológica de Giribaile. Jaén: Junta de Andalucía / ASODECO, pp. 193-245., p. 234). Cuando observamos las estrechas relaciones visuales que mantiene la meseta de Giribaile con el entorno ocupado por estas unidades campesinas en llano, podemos comprobar que el valle cultivable facilita el contacto visual entre ellas y la antigua aldea del Bronce Final (Fig. 13).

Panorámica de la meseta de Giribaile desde Valcuenda 6

Fig. 13. Panorámica de la meseta de Giribaile desde Valcuenda 6.

En cualquier caso, no hay duda de que el oppidum de Giribaile, a partir de los materiales y cronologías absolutas publicadas, fue una fundación de la segunda mitad del siglo IV a. n. e., muy posterior al fenómeno agrario que estamos estudiando. Hasta la fecha, las excavaciones en el poblado de Giribaile se han centrado fundamentalmente en la zona occidental de la meseta y la muralla, con una secuencia entre mediados del siglo IV a. n. e. y principios del siglo II a. n. e. (Ortiz et al., 2020aOrtiz Villarejo, A. J., Gutiérrez Soler, L. M. y Alejo Armijo, M. (2020a). “El Área 11 de Giribaile. Estructura arquitectónica y materiales de construcción de un almacén ibérico de los siglos IV-II a. C.”. Archivo Español de Arqueología, 93, pp. 81-101. DOI: https://doi.org/10.3989/aespa.093.020.004., p. 99; 2020bOrtiz Villarejo, A. J., Gutiérrez Soler, L. M. y Alejo Armijo, M. (2020b). “Estabulación, almacenaje y alimentación durante los siglos IV-III a. C. en el Área 3 de Giribaile”. Historia Agraria, 82, pp. 173-208. DOI: https://doi.org/10.26882/histagrar.082e06o., p. 179; Gutiérrez et al., 2021Gutiérrez Soler, L. M., Ortiz Villarejo, A. J., Montanero Vico, D. y Alejo Sáez, J. A. (2021). “¿La fortificación ibérica de Giribaile? Caracterización formal e interpretación arquitectónica de la muralla de cajones”. Pyrenae, 52 (2), pp. 35-60. DOI: https://doi.org/10.1344/Pyrenae2021.vol52num2.2., p. 48; Alejo et al., 2022Alejo Armijo, M., Gutiérrez Soler, L. M., Prados Martínez, F., Ortiz Villarejo, A. J. y Alejo Sáez, J. A. (2022). “El monumento fundacional de la plataforma inferior de Giribaile (Jaén): espacio ideológico de arquitectura social y representativa”. Trabajos de Prehistoria, 79 (1), pp. 159-174. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2022.12293., p. 168).

La dualidad del modelo en llano, en el que hay un importante componente campesino, por su disposición en las tierras fértiles del fondo del valle y, por otro lado, una dedicación a la actividad minera, dada la cantidad de escorias de fundición de cobre, hierro y plomo argentífero registradas, puede explicar la expansión agraria en el valle del río Guadalimar como una forma de soporte de una población dedicada parcialmente a la explotación de filones metalíferos o a la transformación del mineral extraído.

La disponibilidad de excedentes desde cada unidad de hábitat también cabría interpretarse como parte de un modelo jerarquizado, a partir del cual la exacción de impuestos-tributos por las aristocracias locales funcionaría sin necesidad de la existencia de un oppidum, lo que no sería contradictorio con el fortalecimiento de esos grupos aristocráticos, en tanto que soportarían la protección del campesinado en el territorio. En ese sentido, la construcción de hórreos y puntos de almacenaje, de similares tamaños y características, podría estar reflejando una forma de acumulación de excedente agrario fácilmente cuantificable en cada unidad doméstica, como una forma de control fiscal de la población campesina. Tal vez ahí podría estar la explicación de que las capacidades de almacenaje sean tan similares en los dos ejemplos que hemos podido documentar, Valcuenda 3 y Valcuenda 6. Las dos estructuras que pueden interpretarse como hórreos o graneros sobreelevados tienen tamaños casi idénticos. La E-4 de la Fase 2 de Valcuenda 3 tiene unas dimensiones de unos 3 × 3 m, es decir, 9 m2. La E-1 de Valcuenda 6 tiene unos 3.8 × 2.3 m, unos 8.75 m2. En lo que se refiere a las estructuras circulares, que igualmente pueden interpretarse como algún tipo de sistema de almacenamiento aislado, las proporciones también reflejan tamaños similares en los dos, aunque desconocemos la altura que pudieron alcanzar. La E-2 de Valcuenda 6 tiene 2.5 m de diámetro, unos 4.9 m2, mientras que la E-2 de Valcuenda 3 tiene 2.25 m de diámetro y unos 4.1 m2. En definitiva, las similares capacidades de los sistemas de almacenaje del excedente en los asentamientos campesinos podrían constituir la evidencia de alguna forma estandarizada de supervisión de la producción agrícola almacenable, que permitiera una fiscalización homogénea entre todos los sitios distribuidos por el territorio del valle del Guadalimar.

La interpretación de estas casas en llano como parte de un sistema jerarquizado no se contradice con la capacidad para explotar filones metalíferos. Una cierta acumulación de metales preciosos, que demuestra la localización de un lingote de plata en Valcuenda 3, parece apoyar su capacidad de autogestión. Un limitado atesoramiento de plata en forma de lingotes es también clave para explicar el intercambio de productos básicos desde las unidades agropecuarias-mineras hacia Castulo. Pero estos lingotes también demostrarían una cierta autonomía y disponibilidad del excedente más allá del control aristocrático. En los casos conocidos de este tipo de depósitos, particularmente en el Levante peninsular, se han relacionado con la facultad de atesoramiento y de riqueza, que les atribuye un rango destacado. Pero todos proceden de lugares de carácter urbano, como los hallados en La Bastida (Totana, Murcia) (Gozalbes y Torregrosa, 2014Gozalbes Fernández de Palencia, M. y Torregrosa Yago, J. M. (2014). “De Iberia a Hispania. Plata, dracmas y denarios entre los siglos VI y I a. C”. Archivo de Prehistoria Levantina, 30, pp. 275-316.), El Puig (Alcoi, Alicante) o La Carencia (Torís, Valencia) (Ripollès, 2000Ripollès Alegre, P. P. (2000). “La monetización del mundo ibérico”. En: Mata Parreño, C. y Pérez Jordà, G. (Eds.). Ibers. Agricultors, artesans i comerciants. III Reunió sobre Economia en el Món Ibèric. Saguntum Extra 3. Valencia: Universidad de Valencia, pp. 329-344., 2009Ripollès Alegre, P. P. (2009). “El dinero en la Contestania durante los siglos V-III a.C.”. En: Olcina Doménech, M. H. (Coord.). Huellas griegas en la Contestania Ibérica [Exposición]. Alicante: MARQ, pp. 62-75.; Álvarez y Vives-Ferrándiz, 2011Álvarez García, N. y Vives-Ferrándiz Sánchez, J. (2011). “7. De allí y de aquí. Los intercambios y el comercio”. En: Bonet Rosado, H. y Vives-Ferrándiz Sánchez, J. (Eds.). La Bastida de les Alcusses. 1928-2010. València: Museu de Prehistòria de València, pp. 177-196.; Ripollès et al., 2013Ripollès Alegre, P. P., Collado, E. y Delegido Morant, C. (2013). “Los hallazgos monetales y la plata en bruto de La Carència”. En: Albiach Descals, R. (Coord.). L’oppidum de la Carència de Torís i el seu territorio. Serie de Trabajos Varios, 116. Valencia: Diputación de Valencia. Servicio de Investigación Prehistórica del Museo de Prehistoria de Valencia, pp. 153-230.) y con dataciones algo más recientes del siglo IV a. n. e. En general, estas piezas han sido valoradas como excepcionales, tanto en relación a su contexto local como en el regional. En nuestro caso, el hallazgo constituye una acumulación extraordinaria, dado que se produce en un registro rural campesino.

De la documentación de Valcuenda 3-4-5-6 también se deduce que estas unidades agropecuarias tuvieron una secuencia larga y compleja en el tiempo y que no fueron producto de un solo evento de colonización del campo. A partir de la vajilla estudiada, sabemos que Valcuenda 3 se funda antes que Valcuenda 4-5-6. Es posible que, dado lo limitado de la excavación en algunos de estos, no hayamos detectado claramente ese momento temprano, pero no cabe duda de que Valcuenda 6 arranca en un momento posterior. El acto fundacional reflejado en el ritual del hogar del espacio 15, conteniendo un recipiente a torno oxidante, nos sitúa en la tercera fase de Valcuenda 3, hacia mediados del siglo VI a. n. e. Es probable que el éxito de una primera fase facilitara la expansión del modelo, con un progresivo aumento de población en el valle. El resultado de la desaparición de la construcción de cabañas y la adopción de la planta cuadrangular refuerza la consolidación de la familia campesina frente a otras relaciones consanguíneas que mantenían unida a la comunidad del poblado. Ese tipo de relaciones no podía mantenerse en el tiempo, por la propia naturaleza de la familia nuclear campesina y la tendencia a la apropiación particular de la tierra.

Este intento de explotación de la tierra, del río y de los filones metalíferos, que parece derivar hacia la propiedad privada de esos recursos, fue interrumpido por la desaparición brusca de estos asentamientos a finales del siglo VI a. n. e. El colapso debe entenderse desde la presión de Castulo por controlar un territorio clave por su potencial minero antes que agrícola. La actividad minera, particularmente la de metales preciosos, debió canalizarse hacia los circuitos gestionados por la aristocracia desde el oppidum, lo que arrebataba los filones a las pequeñas factorías que, a fin de cuentas, habían particularizado su aprovechamiento. Las minas pasaban, así, a manos de la aristocracia ibera. Ese recurso estratégico acabó siendo redirigido al incipiente estado de Castulo cuando se produjo la fundación de Giribaile en el siglo IV a. n. e., que respondería a su política de dominar el territorio minero. Ahora bien, los asentamientos en llano se abandonan a finales del siglo VI a. n. e., lo que nos deja un hiato de más de un siglo hasta la fundación de Giribaile, que puede ser consecuencia tanto de una carencia de información arqueológica como de la desaparición real del hábitat en el valle.

La resolución de la cuestión depende en gran medida de que se vayan conociendo los datos de las microprospecciones llevadas a cabo en la meseta a lo largo de años, que podrían aportar datos sobre la distribución espacial de los tipos cerámicos, de las que hasta ahora solo se ha publicado la metodología aplicada (Gutiérrez Soler, 2010aGutiérrez Soler, L. M. (2010a). “Microprospección arqueológica en Giribaile (Vilches, Jaén). Protocolo de trabajo”. Trabajos de Prehistoria, 67 (1), pp. 7-35. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2010.10029., 2010bGutiérrez Soler, L. M. (2010b). “Prospección arqueológica superficial en la Meseta de Giribaile”. Anuario Arqueológico de Andalucía, 2004, II, pp. 600-611.). También de que se estudie la minería de Sierra Morena desde una óptica campesina, en la que pequeños filones pueden haber sido explotados con formas de extracción menos organizadas que las acometidas ya en época romana (Arboledas et al., 2010Arboledas Martínez, L., Pérez Sánchez, A. y Jaramillo Justinico, A. (2010). “El paisaje minero del distrito Linares-La Carolina”. En: Contreras Cortés, F. y Dueñas Molina, J. (Dirs.). La minería y la metalurgia en el Alto Guadalquivir: desde sus orígenes hasta nuestros días. Jaén: Instituto de Estudios Giennenses / Diputación Provincial de Jaén, pp. 9-41.; Gutiérrez Soler, 2010cGutiérrez Soler, L. M. (2010c). Minería antigua en Sierra Morena. Jaén: Publicaciones de la Universidad de Jaén.), que son a las que hasta ahora se les ha prestado mayor atención.

5. CONCLUSIONES  

El estudio de la colonización agraria del valle del río Guadalimar abre nuevas perspectivas de investigación sobre el origen y desarrollo del poblamiento ibérico en zonas en las que, hasta ahora, habíamos contemplado un modelo expansivo urbano de Castulo como única vía de organización del territorio. Está claro que la consolidación del fenómeno de construcción estatal dirigido desde esa ciudad se produjo a partir del siglo IV a. n. e. con la propia fundación del oppidum de Giribaile y los santuarios territoriales de Collado de los Jardines en Despeñaperros y Cueva de la Lobera en Castellar (Ruiz y Molinos, 2015Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (2015). “El tiempo y el espacio de los iberos de Jaén”. En: Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (Eds.). Jaén, tierra ibera. 40 años de investigación y transferencia, pp. 7-25. Jaén: Universidad de Jaén. Servicio de Publicaciones., p. 13). Las últimas propuestas del equipo de Gutiérrez Soler sobre las relaciones entre esta ciudad y la ocupación rural de su entorno se plantean en clave de simultaneidad de ambos, siendo, por tanto, de los siglos IV-III a. n. e., en el Ibérico Pleno. Pero esa dinámica, la aparición de hábitat rural coetáneo del oppidum, no tiene encaje en el modelo nuclear hasta ahora conocido del estado de Castulo ni tampoco en el ámbito de las campiñas al sur del Guadalquivir, donde solo se produce esa situación con posterioridad a la Segunda Guerra Púnica (Ruiz y Molinos, 2007Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (2007). Iberos en Jaén. Jaén: Universidad de Jaén. Servicio de Publicaciones., pp. 52-58). Con esa periodización, la ausencia de referencias a la presencia de cerámica griega en cualquiera de los 12 tipos de los 80 sitios ibéricos clasificados en la zona, es también un argumento que induce a pensar en la necesidad de su reajuste cronológico y una revisión del conjunto de vajilla que contienen.

El rastreo que hemos hecho de los materiales de prospección publicados supone que, como mínimo, un tercio de los yacimientos deben situarse en un horizonte de los siglos VII-VI a. n. e. Aunque no sabemos su verdadero alcance, la excavación de Valcuenda 3-4-5-6 no deja dudas de que una parte considerable del poblamiento rural ibérico alrededor de Giribaile es un proceso que se inició mucho antes de lo que hasta ahora conocíamos. Por ello, nuestra propuesta se centra en situar su contexto histórico en una coyuntura anterior a la fundación de Giribaile en el siglo IV a. n. e. No obstante, el ejemplo de Valcuenda 6 también demuestra que existieron otros momentos tardíos en los que se ocuparon las tierras del valle, que las prospecciones de Gutiérrez Soler (2002Gutiérrez Soler, L. M. (2002). El oppidum de Giribaile, Jaén. Jaén: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén. y 2011Gutiérrez Soler, L. M. (2011). Guía arqueológica de Giribaile. Jaén: Junta de Andalucía / ASODECO.) ya indicaban. Conocer la variable cronológica ibérica del entorno de Giribaile sería fundamental para discriminar sus fases, toda vez que no parece que todos sean del mismo periodo. El análisis detallado de la fase Orientalizante es determinante para aclarar si existe una gradación de rango o si todos representan un mismo tipo campesino.

El principal eje vertebrador del territorio castulonense fue el propio río Guadalimar y cuencas adyacentes, que viene a coincidir con buena parte del distrito minero de Sierra Morena. En ese primer momento del siglo V a. n. e., el oppidum se encuentra en fase de consolidación, constituyéndose como la única forma de asentamiento en consonancia con la estructura social piramidal entre aristocracia y clientes (Ruiz y Molinos, 2015Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (2015). “El tiempo y el espacio de los iberos de Jaén”. En: Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (Eds.). Jaén, tierra ibera. 40 años de investigación y transferencia, pp. 7-25. Jaén: Universidad de Jaén. Servicio de Publicaciones., p. 12; Molinos et al., 2015Molinos Molinos, M., Ruiz Rodríguez, A., Serrano Peña, J. L., Rísquez Cuenca, C., Hornos Mata, F., López Rozas, J…. y Montilla Pérez, S. (2015). “La torre de la Atalaya de Cazalilla y la factoría agraria de Las Calañas”. En: Ruiz Rodríguez, A. y Molinos, M. (Eds.). Jaén, tierra ibera. 40 años de investigación y transferencia. Jaén: Universidad de Jaén, Servicio de Publicaciones, pp. 37-43., p. 43). En ese sentido, los últimos trabajos sobre algunas de sus necrópolis apuntan tanto al surgimiento de una incipiente aristocracia clientelar (Estacar de Robarinas), como a la pervivencia y transformación de modelos patriarcales (Los Higuerones-Baños de la Muela) (Ruiz y Molinos, 2022Ruiz Rodríguez, A. y Molinos Molinos, M. (2022). “La secuencia genealógica de los linajes íberos a través de los paisajes de la muerte: de Baza a Cástulo”. En: Rísquez Cuenca, C., Rueda Galán, C. y Herranz Sánchez, A. B. (Eds.). El reflejo del poder en la muerte. La cámara sepulcral de Toya. Colección Arqueologías, Serie Ibera, 11. Jaén: Editorial Universidad de Jaén / Instituto de Estudios Giennenses, pp. 41-92., pp. 85-87), conviviendo ambos modelos en ese periodo temprano de formación de la sociedad ibérica.

La ausencia de oppidum en Giribaile durante el siglo V a. n. e. podría explicarse por esa necesidad de cortar la relación del campesinado con la tierra y concentrar la población en la ciudad sin que haya grupos que escapen de su estructura. Solo cuando los príncipes de Castulo hayan consolidado el modelo político-social, tendrán la confianza suficiente para la fundación de nuevos núcleos urbanos integrados en un esquema territorial con visos de estado, el momento de la fundación de Giribaile.

Todavía no estamos en disposición de saber si la ocupación directa del campo por el campesinado en el valle del Guadalimar fue un camino diferente seguido por la comunidad de Giribaile ante la presión por la formación de su propio oppidum o si, por el contrario, fue una respuesta de Castulo para controlar un territorio estratégico cuando aquel poblado estaba en el momento previo de configurarse como entidad urbana y social ibera. Si ese fuera el caso, durante un periodo de tiempo se produjo la convivencia de los dos modelos en el territorio. Mientras que Castulo concentraba una enorme población en un potente núcleo urbano, una parte de su hipotético territorio se organizaba mediante pequeñas factorías agrario-mineras que, aparentemente, contradecían la tendencia hacia la nucleación. En el otro supuesto, el desarrollo de poblamiento campesino sin integrarse en la estructura social aristocrática, pudo ser un fenómeno local y efímero, sustituido poco después por el oppidum, que se impuso como una forma de explotación del territorio más acorde con la gestión aristocrática de los recursos.

DISPONIBILIDAD DE DATOS  

Los informes-memorias completos que han dado lugar a este trabajo se pueden consultar en el archivo de la Delegación Territorial en Jaén de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía. Un resumen es accesible en: https://www.juntadeandalucia.es/cultura/tabula/handle/20.500.11947/33628#:~:text=http%3A//hdl.handle.net/20.500.11947/33628.

AGRADECIMIENTOS  

Arqueólogos de apoyo: Fabián Valcárcel Palomares y Emilio Sánchez Almansa. Dibujo de materiales: Miriam Quiles Morales y Rocío Noguera Balboa. Topografía y fotogrametría: José L. Pérez y José M. Gómez López (Departamento de Ingeniería Cartográfica, Geodesia y Fotogrametría de la UJA). Estudios carpológicos: Eva Montes Moya; estudio antracológico: María Oliva Rodríguez-Ariza y Paloma Muriel López, ambos en el Laboratorio de Carpología del IUIAI. Estudio de fauna: José A. Riquelme Cantal, Adrián Ruiz Expósito y Margarita Morales Quirós (Universidad de Córdoba).

Los autores quieren agradecer a los evaluadores/as las observaciones realizadas sobre el texto del artículo, que han aportado una reflexión profunda de las cuestiones clave que planteábamos y claramente lo han mejorado y enriquecido.

DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERESES  

Los autores declaran que no tienen intereses económicos ni relaciones personales que pudieran haber influido en el trabajo presentado en este artículo.

FUENTES DE FINANCIACIÓN  

Los trabajos han sido financiados íntegramente con fondos del presupuesto del Ayuntamiento de Rus. Proyecto dirigido por José L. Serrano Peña y Marcos Soto Civantos, y coordinado desde el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén (IUIAI) por Manuel Molinos Molinos.

DECLARACIÓN DE CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA  

José Luis Serrano Peña: conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, administración de proyecto, redacción ‒ borrador original, redacción ‒ revisión y edición.

Marcos Soto Civantos: conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, administración de proyecto, redacción ‒ borrador original, redacción ‒ revisión y edición.

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2 Riquelme, J. A., Ruiz, A. y Morales, M. (2025). Informe faunístico sobre los restos óseos animales recuperados en el sitio arqueológico de Valcuenda-3 (Rus, Jaén). Laboratorio de Paleoambiente. Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica. Universidad de Jaén.