Manuel Crespo Díez
Arqueólogo independiente, España
Autor de correspondencia: crespomanuel69@gmail.com, https://orcid.org/0009-0007-8322-573X
Germán Delibes de Castro
Universidad de Valladolid, España
delibes@fyl.uva.es, https://orcid.org/0000-0002-5553-6414b
José Antonio Rodríguez Marcos
Universidad de Burgos, España
jrmarcos@ubu.es, https://orcid.org/0000-0002-5136-5312
María Carbajo Arana
Universidad de León, España
maria.carbajoarana@gmail.com, https://orcid.org/0000-0002-3353-4178
Carlos Fernández Rodríguez
Universidad de León, España
cferr@unileon.es, https://orcid.org/0000-0003-1739-1119
Jaime Delgado Iglesias
Universidad de Valladolid, España
jaime.delgado.iglesias@uva.es, https://orcid.org/0000-0001-8726-6976
Héctor Juan Fonseca de la Torre
Patrimonio Global, S. L., España
hectorfonseca@patrimonioglobal.es, https://orcid.org/0000-0003-0960-9261
RESUMEN
El significado de los recintos de fosos prehistóricos continúa siendo un tema debatido. En el presente trabajo se analiza la problemática específica de El Casetón de la Era (Valladolid, España), donde se registra la existencia de un triple foso y una aldea calcolíticos. Una lectura del yacimiento desde diferentes ópticas descarta que los fosos formaran parte del programa urbanístico fundacional del poblado y permite proponer la hipótesis de que fueron excavados en los momentos finales de su ocupación, tal vez como dispositivo de condena y de conversión del sitio en un espacio simbólico.
Palabras clave: Edad del Cobre; meseta central; recintos de fosos; trayectoria ocupacional; complejo doméstico; espacio simbólico.
ABSTRACT
The significance of prehistoric ditched enclosures remains a subject of debate. This paper addresses the case of El Casetón de la Era (Valladolid, Spain), where evidence has been uncovered of a Chalcolithic settlement associated with a triple-ditched enclosure. A multidisciplinary analysis of the site excludes the possibility that the ditches formed part of the original urban layout of the settlement. Instead, the archaeological record suggests that the ditches were excavated during the final stages of occupation, perhaps as a means of closure and transformation of the site into a symbolic space.
Keywords: Copper Age; central plateau; ditched enclosures; occupational sequence; domestic complex; symbolic space.
Recibido: 05-10-2025 / Aceptado: 25-05-2026 / Publicado: 22-07-2026
Cómo citar: Crespo Díez, M., Delibes de Castro, G., Rodríguez Marcos, J. A., Carbajo Arana, M., Fernández Rodríguez, C., Delgado Iglesias, J. y Fonseca de la Torre, H. J. (2026). “El recinto de fosos como instrumento de clausura y de conversión en espacio simbólico de una aldea calcolítica. El testimonio de El Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. Trabajos de Prehistoria, 83 (1): 1075. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2026.1075
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Información complementaria ↓
1. INTRODUCCIÓN: OBJETO DE ESTUDIO, HIPÓTESIS DE PARTIDA Y METODOLOGÍA
3. LOS FOSOS: CARACTERÍSTICAS Y EVIDENCIAS DE SU POSTERIORIDAD AL CASERÍO
4. LOS RELLENOS DE LOS FOSOS: NATURALEZA Y CADENCIA DE DEPOSICIÓN
5. EL DESTINO DE LOS ESCOMBROS DE LAS CASAS SECCIONADAS POR LOS FOSOS
La función de los recintos de fosos, ditched enclosures, enceintes fossoyées, erdwerke o villaggi trincerati sigue siendo una cuestión abierta un siglo después del reconocimiento de este tipo de estructuras en gran parte de Europa y cincuenta años después de documentarse en la península ibérica, hecho al que no es del todo ajeno el excesivo celo de los investigadores por dar una respuesta única, válida para todos los casos (Darvill y Thomas, 2001Darvill, T. y Thomas, J. (2001). “Neolithic Enclosures in Atlantic Northwest Europe: Some recent trends”. En: Darvill, T. y Thomas, J. (Eds.). Neolithic Enclosures in Atlantic Northwest Europe. Neolithic Studies Group Seminar Papers, 6. Oxford: Oxbow Books, pp. 1-23.; Oswald et al., 2001Oswald, A., Dyer, C. y Barber, M. (2001). The Creation of Monuments. Neolithic Causewayed Enclosures in the British Isles. London: English Heritage.; Márquez y Jiménez, 2010Márquez Romero, J. E. y Jiménez Jáimez, V. (2010). Recintos de Fosos. Genealogía y significado de una tradición en la prehistoria del suroeste de la Península Ibérica (IV-III Milenios AC). Málaga: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga.; Petrasch, 2015Petrasch, J. (2015). “Central European enclosures”. En: Fowler, C., Harding, J. y Hofmann, D. (Eds.). The Oxford Handbook of Neolithic Europe. Oxford: Oxford University Press, pp. 764-778.).
Las interpretaciones varían en función de la cronología y atribución cultural de los sitios, de los planteamientos teóricos adoptados y de las tradiciones historiográficas de cada espacio: defensas, terraplenes-empalizadas para el ganado, simples límites entre domus y ager, contornos para individualizar lugares de agregación, espacios ceremoniales o espacios vacíos, etc. (Bradley, 1993Bradley, R. (1993). “Monuments as ideas”. En: Bradley, R. (Ed.). Altering the earth. The origins of monuments in Britain and Continental Europe. Monograph Series number 8. Edinburgh: Society of Antiquaries of Scotland, pp. 69-90.; 1998Bradley, R. (1998). The significance of monuments. On the shaping of the human experience in Neolithic and Bronze Age Europe. London: Routledge., pp. 68-82). Por ejemplo, en muchos de los trabajos clásicos sobre los recintos del oeste de Europa se apostó por su dimensión defensiva ante la evidencia de sitios como Champ Durand, en Vendée (Joussaume, 1999Joussaume, R. (1999). “À propos de l´enceinte fossoyée de Champ-Durand à Nieul-sur-l’Autize (Vendée)”. Bulletin de la Société Préhistorique Française, 96 (3), pp. 401-408. DOI : https://doi.org/10.3406/bspf.1999.10982), o Marroquíes Bajos, en Jaén (Nicas y Cámara, 2017Nicas Perales, J. y Cámara Serrano, J. A. (2017). “Fortificación y ritual en el yacimiento calcolítico de Marroquíes (Jaén). Los fosos del Paseo de la Estación”. Antiquitas, 29, pp. 39-57.) donde los fosos se complementan con ostensibles fortificaciones. Así mismo la concentración de proyectiles líticos en las entradas de conocidos yacimientos británicos, como Crickley Hill (Gloucester) o Hambledon Hill (Dorset), alentó lecturas similares (Mercer, 1980Mercer, R. (1980). Hambledon Hill: a Neolithic landscape. Edinburgh: Edinburgh University Press.; Oswald et al., 2001Oswald, A., Dyer, C. y Barber, M. (2001). The Creation of Monuments. Neolithic Causewayed Enclosures in the British Isles. London: English Heritage.). Pero las objeciones no son pocas ni menores: fosos a veces excesivamente someros, con frecuencia interrumpidos o segmentados (= permeables), renuncia al emplazamiento en lugares escarpados, dificultad de defender grandes perímetros por contingentes humanos pequeños, etc. (Bradley, 1993Bradley, R. (1993). “Monuments as ideas”. En: Bradley, R. (Ed.). Altering the earth. The origins of monuments in Britain and Continental Europe. Monograph Series number 8. Edinburgh: Society of Antiquaries of Scotland, pp. 69-90.; Delibes et al., 2014Delibes de Castro, G., García, M., Olmo, J. del y Santiago, J. (2014). Recintos de fosos calcolíticos del Valle Medio del Duero. Arqueología aérea y espacial. Studia Archaeologica, 100. Valladolid: Universidad de Valladolid., p. 128). Trabajos recientes comparando recintos murados (más asumiblemente defensivos) y fosados calcolíticos de la península ibérica ponen el acento en las grandes diferencias existentes y en el carácter excepcional de los recintos en los que conviven fosos y muros (Valera, 2024Valera, A. C. (2024). “Ditched and walled enclosures of Late Prehistory in South Portugal: a brief comparative approach”. En: Diniz, M., Martins, A., Neves, C. y Arnaud, J. M. (Eds.). Vila Nova de São Pedro e o Calcolítico do Ocidente Peninsular. Estudos e Memórias, 22. Lisboa: Centro de Arqueologia da Universidade de Lisboa, pp. 291-305., pp. 293 y 302; Jiménez Jáimez et al., 2025Jiménez Jáimez, V., García García, M., López López, A. y Wheatley, D. W. (2025). “Ditched and walled enclosures in Prehistoric Iberia (4th-3rd millennia cal. BCE): Like oil and water”. Lucentum, XLIV, pp. 27-54. DOI: https://dx.doi.org/10.14198/LVCENTVM.25385). Pero, en todo caso, de ser defensas, lo lógico es que los fosos fueran complemento de sitios residenciales o de habitación. Este hecho no plantea dudas, por ejemplo, en muchos de los yacimientos calcolíticos del mediodía y del centro de la península ibérica (Zafra et al., 1999Zafra de la Torre, N., Hornos Mata, F. y Castro López, M. (1999). “Una macro-aldea en el origen del modo de vida campesino: Marroquíes Bajos (Jaén) c. 2500-2000 cal ANE”. Trabajos de Prehistoria, 56 (1), pp. 77-102. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.1999.v56.i1.291; Díaz-del-Río, 2001Díaz-del-Río, P. (2001). La formación del paisaje agrario. Madrid en el III y II milenios BC. Serie Arqueología. Paleoetnología y Etnología 9. Madrid: Comunidad de Madrid., 2003Díaz-del-Río, P. (2003). “Recintos de fosos del III Milenio AC en la Meseta peninsular”. Trabajos de Prehistoria, 60 (2), pp. 61-78. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2003.v60.i2.81; Delibes et al., 2014Delibes de Castro, G., García, M., Olmo, J. del y Santiago, J. (2014). Recintos de fosos calcolíticos del Valle Medio del Duero. Arqueología aérea y espacial. Studia Archaeologica, 100. Valladolid: Universidad de Valladolid.) o del oeste de Francia (Laporte et al., 2014Laporte, J. L., Bizien-Jaglin, C. y Guyodo, J. N. (2014). “Enceintes néolithiques de l´Ouest de la France: Une archéologie des fossés?”. En: Joussaume, R., Large, J. M., Corson, S., Le Meur, N. y Tortuyaux, J. P. (Dirs.). Enceintes néolithiques de l´Ouest de la France de la Seine a la Gironde. Actes du Colloque CrabNeo. Mémoire, XLVIII. Chauvigny: Association des Publications Chauvinoises, pp. 455-487.), pero sí en numerosos causewayed enclosures británicos, donde las huellas de viviendas son menos explícitas y se prestan, como mínimo, a la discusión (Whittle, 1988Whittle, A. (1988). “Contexts, activities, events: Aspects of Neolithic and Copper Age enclosures in central and western Europe”. En: Burgess, C., Topping, P., Mordant, C. y Maddison, M. (Eds.). Enclosures and defenses in the Neolithic of Western Europe. BAR International Series, 403. Oxford: British Archaeological Reports, pp. 1-20.; Bradley y Holgate, 1984Bradley, R. y Holgate, R. (1984). “The Neolithic sequence of the Upper Thames Valley”. En: Bradley, R. y Gardiner, J. (Eds.). Neolithic Studies. BAR International Series, 133. Oxford: British Archaeological Reports, pp. 107-134.; Burgess et al., 1988Burgess, C., Topping, P., Mordant, C. y Maddison, M. (1988). Enclosures and defenses in the Neolithic of Western Europe. BAR International Series, 403. Oxford: British Archaeological Reports.; Parkinson y Duffy, 2007Parkinson, W. A. y Duffy, P. R. (2007). “Fortifications and Enclosures in European Prehistory: A Cross-Cultural Perspective”. Journal of Archaeological Research, 15, pp. 97-141. DOI: https://doi.org/10.1007/s10814-007-9010-2).
Otra posibilidad consiste en asumir que tanto los fosos como la superficie que delimitan constituyen espacios ceremoniales, como resume el título de un trabajo de J. Vaquer (2001)Vaquer, J. (2001). “Les enceintes annulaires du Néolithique final languedocien, habitats ou sanctuaires?”. En: Guilaine, J. (dir.). Communautés villageoises du Proche-Orient à l’Atlantique (8000-2000 avant notre ère). Séminaires du Collège de France. Paris: Editions Errance, pp. 223-237. en el que se pregunta si los enceintes annulaires del Neolítico Final de Languedoc son “habitats ou sanctuaires”. Los principales impulsores de esta idea han sido los prehistoriadores británicos desde que I. Smith reparara hace medio siglo en la singularidad de los rellenos de los fosos y de los pits de Windmill Hill (Wiltshire) –grandes acumulaciones de restos de fauna, enterramientos humanos, abundantes ‘depósitos estructurados’– y los relacionara con la celebración de fiestas comunales de carácter estacional (Smith, 1965Smith, I. (1965). Windmill Hill and Avebury. Excavations by Alexander Keiller (1925-1939). Oxford: Clarendon Press.; Whittle et al., 1999Whittle, A., Pollard, J. y Grigson, C. (1999). The harmony of symbols. The Windmill Hill causewayed enclosure. Oxford: Oxbow Books.; Lamdin-Whymark, 2008Lamdin-Whymark, H. (2008). The residue of ritualised action: Neolithic deposition practices in the Middle Thames valley. BAR International Series, 466. Oxford : British Archaeological Reports.). La más que posible sacralidad de los recintos también es asumida por Valera (2024, p. 300)Valera, A. C. (2024). “Ditched and walled enclosures of Late Prehistory in South Portugal: a brief comparative approach”. En: Diniz, M., Martins, A., Neves, C. y Arnaud, J. M. (Eds.). Vila Nova de São Pedro e o Calcolítico do Ocidente Peninsular. Estudos e Memórias, 22. Lisboa: Centro de Arqueologia da Universidade de Lisboa, pp. 291-305. desde el momento en que los entiende como geoglifos y realidades solo visibles (¿por quién?) desde el cielo. Y aunque, en general, prevalezca la perspectiva del asentamiento a la hora de interpretar los recintos de la Bandkeramik, la idea de sitios ‘sagrados’ también se ha ido abriendo paso entre los prehistoriadores centroeuropeos (Hofmann, 2020Haak, F. (2020). “Tracing LBK ritual traditions: the depositions at Herxheim and their origins”. En: Hofmann, D. (Ed.). Magical, mundane o marginal? Depositions practices in the Early Neolithic Linearbandkeramik culture. Leiden: Sidestone, pp. 53-82.) bien por ver en algunos de ellos ‘basureros rituales’, p. ej. en el célebre recinto alemán de Herxheim (Bad Durkheim), cuajado de huesos humanos manipulados, de cerámicas machacadas y de herramientas de piedra deliberadamente partidas (Haak, 2020Haak, F. (2020). “Tracing LBK ritual traditions: the depositions at Herxheim and their origins”. En: Hofmann, D. (Ed.). Magical, mundane o marginal? Depositions practices in the Early Neolithic Linearbandkeramik culture. Leiden: Sidestone, pp. 53-82.), bien por la yuxtaposición del enclosure, por ejemplo en Langweiler 8, en la meseta de Aldenhofen, al que sin duda era, con sus viviendas, el verdadero poblado (Boelicke et al., 1988Boelicke, U., Brandt, D. von, Lüning, J., Stehli, P. y Zimmerman, A. (Eds.) (1988). Der Bandkeramische Siedlungplatz Langweiler 8, Gemeinde Aldenhoven, Kreis Düren. Rhenische Ausgrabungen, 28. Bonn: Rheinland Verlag.).
En resumen, las propuestas de lectura son muy diversas –recuérdese también, por ejemplo, cómo Fernández y Oliva (1985)Fernández Gómez, F. y Oliva, D. (1985). “Excavaciones en el yacimiento calcolítico de Valencina de la Concepción (Sevilla). El Corte C (La Perrera)”. Noticiario Arqueológico Hispánico, 21, pp. 7-131. llegaron a pensar que los fosos de Valencina de la Concepción (Sevilla) respondían a un sistema de drenaje destinado a preservar de humedades a los silos-granero de dicho yacimiento, o cómo Becker (1996)Becker, H. (1996). “Kultplätze. Sonnentempel und Kalenderbauten aus dem 5 Jahrstausend v. Chr.”. En: Petzel, M. (Ed.). Archäologische Prospektion. Luftbildarchäologie und Geophysik. München: Bayerischen Landesamt für Denkmalpflege, pp. 101-122. consideraba a los centroeuropeos observatorios astronómicos– y ello pese al hecho paradójico, enfatizado por Jiménez Jáimez (2019)Jiménez Jáimez, V. (2019). “Neolithic ditched enclosures: A comparative history of their interpretation in Britain and Iberia”. En: Müller, J., Hinz, M. y Wunderlich, M. (Eds.). Megaliths, societies and landscapes. Early monumentality and social differentiation in Neolithic Europe. Proceedings of the International Conference 16th-20th June 2015 in Kiel. Bonn: Rudolf Habelt, pp. 205-226., de que el registro arqueológico no es tan diferente en la mayoría de los casos, repitiéndose los mismos o muy parecidos fosos, análogos indicios de habitación en su interior y no muy distintos depósitos de intención ceremonial. Para explicar esta diversidad de lecturas, cabría plantear que el error de base radica, quizá, en la búsqueda insistente de una explicación única y universal para yacimientos que no siempre fueron concebidos de la misma manera y, acaso también, en la tendencia a segregar de forma excesivamente tajante las esferas ritual y doméstica (Bradley, 2003Bradley, R. (2003). “A life less ordinary: the ritualization of the domestic sphere in late prehistoric Europe”. Cambridge Archaeological Journal, 13, pp. 5-23. DOI: https://doi.org/10.1017/S0959774303000015; Verhoeven, 2011Verhoeven, M. (2011). “The many dimensions of ritual”. En: Insoll, T. (Ed.). The Archaeology of ritual and religion. Oxford: Oxford University Press, pp. 115-132.). Si algo parece claro, en fin, es que, para salir de dudas y sentar las bases de una teoría general sólida, resulta imprescindible disponer de buenos estudios de caso.
Entre los años 2007 y 2012 llevamos a cabo excavaciones extensivas en el recinto de fosos calcolítico de El Casetón de la Era, en Villalba de los Alcores (Valladolid), de 1.7 ha de extensión. Se documentaron los tres componentes básicos de la mayoría de este tipo de yacimientos: las zanjas, en este caso tres concéntricas; un inconfundible caserío constituido por viviendas circulares; y una serie de depósitos ‘votivos’ en el interior de hoyos (Delibes et al., 2016Delibes de Castro, G., Crespo Díez, M. y Rodríguez Marcos, J. A. (2016). “Anatomía de un recinto de fosos calcolítico del valle medio del Duero: el Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Del Neolític a l’Edat del Bronze en el Mediterrani occidental. Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver. Trabajos Varios del SIP, 119. Valencia: Servicio de Investigaciones Prehistóricas de Valencia, pp. 387-401.). Los primeros, de profundidad y anchura variables según los tramos, no parecen responder, dadas sus características y disposición, a un propósito defensivo (Diago y Jiménez, 2024Diago Andújar, J. F. y Jiménez Jáimez, V. (2024). “Los recintos de fosos calcolíticos de la península ibérica, ¿fueron fortalezas? Análisis de Xancra y El Casetón de la Era desde una perspectiva poliorcética”. SPAL, 33 (1), pp. 33-63. DOI: https://doi.org/10.12795/spal.2024.i33.02). Las cabañas o unidades domésticas del poblado, fáciles de reconocer pese a mostrarse desmanteladas (solo sobreviven sus zanjas de cimentación), se reparten por buena parte del sitio. Y los depósitos estructurados de muchos de los hoyos, que fueron determinantes para que en el pasado reivindicáramos el carácter ceremonial del yacimiento (Delibes et al., 2009Delibes de Castro, G., Crespo Díez, M., Fernández Manzano, J., Herrán Martínez, J. I. y Rodríguez Marcos, J. A. (2009). “¿Stonehenge en Tierra de Campos? Excavaciones en el yacimiento de la Edad del Cobre de El Casetón de la Era (Villalba de Los Alcores, Valladolid)”. En: Conocer Valladolid. II Curso de Patrimonio Cultural 2008/09 (Valladolid 2009). Valladolid: Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, pp. 15-33.), también.
Los datos obtenidos en estas intervenciones dieron lugar a una interpretación cuya originalidad reside, sencillamente, en reivindicar que el orden de los gestos que contribuyeron a configurar el yacimiento no fue el habitualmente argumentado para explicar este tipo de sitios. Nos consta que en El Casetón de la Era los fosos, lejos de ser, como consideramos inicialmente, líneas de cierre planeadas para individualizar una aldea, esto es, elementos demarcadores concebidos desde su fundación (Delibes et al., 2014Delibes de Castro, G., García, M., Olmo, J. del y Santiago, J. (2014). Recintos de fosos calcolíticos del Valle Medio del Duero. Arqueología aérea y espacial. Studia Archaeologica, 100. Valladolid: Universidad de Valladolid., p. 8), solo fueron trazados y excavados en un momento muy avanzado de su trayectoria diacrónica, con el propósito aparente de condenarlo y de ritualizar su defunción. Los fosos, por tanto, no parecen haber condicionado en absoluto la planificación del asentamiento o, dicho de otra manera, el caserío no se acomodó a la traza de aquellos, como pudo suceder en Marroquíes Bajos (Díaz-del-Río, 2021Díaz-del-Río, P. (2021). “Qué sucedió en la Edad del Cobre”. BSAA Arqueología, LXXXVI, pp. 164-243. DOI: https://doi.org/10.24197/ba.LXXXVII.0.164-243, p. 192), sino al contrario.
A la vista de todo ello, nos limitamos a formular una propuesta, sin mayor pretensión generalizadora, que explique nuestro caso de estudio: El Casetón de la Era fue un poblado, un asentamiento, y el recinto de fosos asociado a él, en vez de vincularse a su fundación, fue el dispositivo elegido para su clausura, una forma de poner broche a su trayectoria y de convertir el viejo complejo doméstico en un espacio simbólico. Y, para contrastar dicha hipótesis, nos servimos de la información arqueológica reunida a lo largo de más de un lustro de trabajo de campo, poniendo especial énfasis en probar: 1) que el yacimiento fue inicialmente un sitio residencial; 2) que, al menos en determinados puntos, las excavaciones revelan que los fosos cercenaron y mutilaron la estratigrafía del caserío; y 3) que el relleno de las zanjas o trincheras, igual que el de determinados hoyos, lejos de ser basura indiscriminada y depositada gradualmente, responde en general a vertidos rápidos, por no decir instantáneos, poco compatibles con procesos erosivos naturales. Una propuesta no muy distinta, en definitiva, de la formulada por R. Bradley (1998, pp. 68-82)Bradley, R. (1998). The significance of monuments. On the shaping of the human experience in Neolithic and Bronze Age Europe. London: Routledge. al entender que ciertos recintos centroeuropeos de la Bandkeramik se excavaron con el fin de aislar grupos de casas ya deshabitadas o ‘casas muertas’, ritualizando así el final de los asentamientos.
Durante las nueve campañas desarrolladas en El Casetón se han excavado 1534 m2, aproximadamente la décima parte de las 1.7 ha del yacimiento, propiciando el vaciado de varios tramos de los tres fosos del recinto y el descubrimiento de una decena de cabañas y de numerosos hoyos siliformes. De las cabañas apenas sobreviven, talladas en el geológico, sus zanjas de cimentación (Fig. 1) que dibujan total o parcialmente plantas circulares y que con frecuencia conservan todavía en su interior las improntas de hoyos de postes, perfectamente alineadas en el fondo de las gavias. Tales pies de madera, de aproximadamente 12-15 cm de diámetro y colocados a cierta distancia unos de otros, no yuxtapuestos como en las viviendas también calcolíticas de Les Moreres (Crevillente, Alicante) (González Prats y Lorrio, 2023González Prats, A. y Lorrio Alvarado, A. J. (Eds.). 2023. El poblado calcolítico de Les Moreres (Crevillent, Alicante). Serie Arqueología, 31. Alicante: Universitat d’Alacant., pp. 23-32) o de La Viña de Esteban García (Salvatierra de Tormes, Salamanca) (Fonseca et al., 2022Fonseca de la Torre, H. J., García Redondo, N. y Carrancho Alonso, A. (2022). “Estudio formal y arqueométrico del material constructivo en tierra y las decoraciones murales de dos asentamientos calcolíticos del occidente de la meseta norte española”. Trabajos de Prehistoria, 79 (2), pp. 362-379. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2022.12304), hubieron de corresponder, evidentemente, a unas paredes de bahareque revestidas de barro como muestran las numerosas pellas de arcilla con improntas vegetales (Fonseca et al., 2017Fonseca de la Torre, H. J., Crespo Díez, M., Rodríguez Marcos, J. A., Martín Ramos, P., Cubas, M., Sánchez Carro, M. A. (2017). “Aproximación a la arquitectura del barro en el yacimiento calcolítico del Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Álvarez, A., Tejedor, C. y García, I. (Eds.): Investigaciones arqueológicas en el Valle del Duero. Del Paleolítico a la Edad Media. Zamora: Asociación Zamora Protohistórica, pp. 107-124.).
El aspecto de las unidades domésticas no difiere del observado en otros asentamientos calcolíticos meseteños, como Los Itueros, en el abulense Valle Amblés (Fabián, 2006Fabián García, J. F. (2006). El IV y III Milenio AC en el Valle Amblés (Ávila). Arqueología en Castilla y León, Monografías, 5. Valladolid: Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León., p. 205, fig. 86), o Las Peñas, en el municipio zamorano de Villardondiego (Delibes, 1995Delibes de Castro, G. (1995). “Neolítico y Edad del Bronce”. En: Delibes, G., Moreta, S., Gutiérrez, J. I. y Mateos, M. A. (Coords.). Historia de Zamora. Tomo I. De los orígenes al final del Medievo. Zamora: Diputación de Zamora. Instituto de Estudios Zamoranos “Florián de Ocampo”, pp. 47-100., p. 50, fig.4; García Barrios, 2005García Barrios, A. S. (2005). “El espacio doméstico en la Prehistoria Reciente de la Meseta: el testimonio de las cabañas de la Edad del Cobre en el Valle Medio del Duero”. Lancia, 6, pp. 59-75.; 2007García Barrios, A. S. (2007). Los inicios de la Edad del Cobre en el Valle Medio del Duero: Una aproximación a los modos de vida en el centro de la Meseta en los albores de la metalurgia. Valladolid: Tesis Doctoral inédita. Universidad de Valladolid. Accesible en: https://portaldelaciencia.uva.es/documentos/617a27d277dc987a90427f95?lang=gl, p. 74, fig. 5). Pese a haber sufrido en la mayor parte de los casos, como veremos, un severo desmantelamiento, no es raro que conserven restos de un pavimento o solería de tierra batida y, hacia la zona central, una placa de hogar de barro, apenas realzada respecto al piso, la cual adopta forma más o menos rectangular y presenta color rojizo debido al contacto con el fuego. En ningún caso ha sido posible detectar huellas de compartimentación interior ni áreas especializadas de actividad. Las zanjas de cimentación, circulares y corridas, como hemos dicho, no suelen presentar interrupciones que puedan identificarse con las entradas, salvo en la cabaña F donde el acceso se sitúa al suroeste.
Si se prescinde de las dos estructuras de dimensiones extremas, la mayor y la más pequeña, el diámetro medio de las cabañas es de 4-6 m y la superficie de 13-34 m2, tamaño que no desentona del de otras unidades calcolíticas de la Meseta (p. ej. García Barrios, 2005García Barrios, A. S. (2005). “El espacio doméstico en la Prehistoria Reciente de la Meseta: el testimonio de las cabañas de la Edad del Cobre en el Valle Medio del Duero”. Lancia, 6, pp. 59-75.; Fabián, 2006Fabián García, J. F. (2006). El IV y III Milenio AC en el Valle Amblés (Ávila). Arqueología en Castilla y León, Monografías, 5. Valladolid: Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León., p. 206; 2009Fabián García, J. F. (2009). Hace 4000 años en el Tomillar (Bercial de Zapardiel, Ávila). Ávila: Institución Gran Duque de Alba-Diputación de Ávila., p. 22). Pero los dos polos se alejan considerablemente de la media: mientras la construcción más reducida tiene solo 2.8 m de diámetro y 6.15 m2, la mayor alcanza los 10 m de diámetro y una superficie de 86 m2. No puede descartarse que la primera, sin placa de hogar, en vez de una vivienda propiamente dicha fuera una dependencia auxiliar. Y en el segundo caso –que nos recuerda que también en Marroquíes Bajos, por ejemplo, se registran contrastes importantes en el tamaño de las viviendas (Zafra et al., 1999Zafra de la Torre, N., Hornos Mata, F. y Castro López, M. (1999). “Una macro-aldea en el origen del modo de vida campesino: Marroquíes Bajos (Jaén) c. 2500-2000 cal ANE”. Trabajos de Prehistoria, 56 (1), pp. 77-102. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.1999.v56.i1.291, p. 85)– podría tratarse de la habitación de un personaje poderoso, un potentior, o de una estancia de uso público, disyuntiva que en ningún caso estamos en condiciones de despejar a falta de información sobre la mayor o menor complejidad dotacional de dichas viviendas o sobre la naturaleza y el grado de suntuosidad de sus ajuares.
Con la documentación disponible tampoco está a nuestro alcance calcular con exactitud la extensión del caserío ni el número de sus ocupantes. Además, es preciso recordar que las excavaciones se han desarrollado sobre todo en la zona central del yacimiento (y del recinto de fosos) donde no sería raro que la densidad de hogares hubiera sido mayor. En todo caso, con los datos actuales, se ha localizado una cabaña en el espacio circuido por el foso interior; seis en la corona intermedia y una en la exterior (Fig. 2). Debe advertirse que la extensión excavada es desigual en cada zona: mientras el espacio central ha sido vaciado al completo, el intermedio solo en una cuarta parte y el tercero en una proporción insignificante. Además, la distribución de las estructuras de la corona intermedia, la a primera vista más intensamente ocupada, es muy irregular, con la identificación de puntuales concentraciones de cabañas –cinco de ellas situadas frente a una de las entradas de la puerta del foso n.º 1, siendo este el único punto en que se ha detectado la superposición de tales estructuras–, y amplios espacios vacíos (Delibes et al., 2016Delibes de Castro, G., Crespo Díez, M. y Rodríguez Marcos, J. A. (2016). “Anatomía de un recinto de fosos calcolítico del valle medio del Duero: el Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Del Neolític a l’Edat del Bronze en el Mediterrani occidental. Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver. Trabajos Varios del SIP, 119. Valencia: Servicio de Investigaciones Prehistóricas de Valencia, pp. 387-401., pp. 71-72). En resumen, existen evidencias inequívocas de un caserío de extensión indeterminada y formado por casas o conjuntos de casas distribuidos bastante aleatoriamente, sin reconocerse una disposición agregada de las mismas. Esta caracterización no parece compatible con la idea de que los fosos fueran líneas referenciales en el diseño original de la aldea (Delibes et al., 2014Delibes de Castro, G., García, M., Olmo, J. del y Santiago, J. (2014). Recintos de fosos calcolíticos del Valle Medio del Duero. Arqueología aérea y espacial. Studia Archaeologica, 100. Valladolid: Universidad de Valladolid., p. 8).
Figura 1. Zanjas de cimentación de viviendas identificadas durante la excavación. En la imagen superior se aprecia el precario grado de conservación de las cabañas A, B y D. En la inferior izquierda, la zanja de la cabaña E; en la inferior derecha, la cabaña H.
Figura 2. Derecha: Planta general del poblado calcolítico de El Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid); Izquierda: Espacio de las zanjas correspondientes a las cabañas identificadas
y su distribución respecto a los fosos 1 y 2.
Por otra parte, la calidad de los datos sobre la duración del sitio tampoco es mucho mejor, por más que demos por hecho que se trataba de un poblado sedentario y de cierta trayectoria. Cabe deducirlo tanto de la entidad constructiva de las viviendas –no menos resistentes y duraderas que las edificadas en el marco experimental de la Butser Ancient Farm (Hampshire) (Reynolds, 2006Reynolds, P. J. (2006). “The scientific basis for the reconstruction of prehistoric and protohistoric houses”. EuroREA, 3, pp. 58-68. Disponible en: https://exarc.net/ark:/88735/10012)– como de la reparación y, sobre todo, de la superposición de varias de ellas. Por ejemplo, la cabaña D fue cortada por la A y esta, a su vez, seccionada por la B. Pero el argumento más sólido reside en una serie de dataciones radiocarbónicas reveladoras de una trayectoria del sitio de como mínimo dos siglos (6-7 generaciones). Estamos, por tanto, ante una aldea estable y de cierto recorrido temporal, por más que el depósito estratigráfico, muy arrasado, apenas dé cuenta de ello. Una circunstancia motivada por el incendio y desmantelamiento deliberado de las construcciones del que dan testimonio los materiales edilicios quemados y cuidadosamente depositados en determinados hoyos.
Tanto la fotografía aérea como la prospección magnética aportan imágenes bastante precisas de la planta del recinto de fosos de El Casetón de la Era (Crespo et al., 2015Crespo Díez, M., Rodríguez Marcos, J. A., Delibes de Castro, G. y Becker, H. (2015). “Prospección magnética en el recinto de fosos calcolítico de ‘El Casetón de la Era’ (Villalba de los Alcores, Valladolid): representación gráfica e interpretación arqueológica”. BSAA, Arqueología, LXXXI, pp. 55-84.). Lo conforman tres zanjas concéntricas más o menos anulares que hemos denominado, de dentro a fuera, fosos 1, 2 y 3 y que ofrecen, respectivamente, un diámetro máximo de 45, 81 y 144 m. Cada uno de los anillos está dotado de una serie de accesos que se organizan de la siguiente manera: el foso n.º 1 dispone de dos entradas, una al SE (1.1) y otra al NO (1.2); el intermedio de cuatro, orientadas al NE (2.1), SE (2.2), SO (2.3) y NO (2.4), y el exterior de seis, abiertas al NE (3.1 y 3.6), al E (3.2), al SE (3.3), al SO (3.4) y al O (3.5). La mayoría, salvo 1.1 reforzada al interior con una empalizada, consisten en simples interrupciones del foso con una amplitud de entre 3 y 6 m. Sin embargo, las entradas 2.3 y 3.6 son algo más complejas y adoptan la forma de puertas en esviaje mediante el alargamiento de uno de los extremos del foso hasta colocarse en paralelo al opuesto (Crespo et al., 2015Crespo Díez, M., Rodríguez Marcos, J. A., Delibes de Castro, G. y Becker, H. (2015). “Prospección magnética en el recinto de fosos calcolítico de ‘El Casetón de la Era’ (Villalba de los Alcores, Valladolid): representación gráfica e interpretación arqueológica”. BSAA, Arqueología, LXXXI, pp. 55-84., p. 64, fig. 3). Además, es importante consignar que las ‘puertas’ de los recintos 1 y 2 están perfectamente alineadas entre sí, revelando que son fruto de un mismo diseño o proyecto constructivo. Por el contrario, las del foso exterior presentan otras orientaciones. No es la única diferencia habida entre ellos pues, mientras las plantas de los fosos 1 y 2 son casi perfectamente circulares y concéntricas, la del 3 es de tendencia marcadamente oval y rompe así, en buena medida, la simetría del conjunto. Tales evidencias, conjugadas con las fechas radiocarbónicas (Tab. 1), invitan a pensar que, mientras los recintos interior e intermedio responden a un primer programa constructivo, el de fuera constituye un añadido posterior.
Tabla 1. Serie radiocarbónica a partir de muestras tomadas en los fosos 1, 2 y 3 y en la zanja de cimentación de la cabaña A.
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CABAÑA A |
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REF. LAB |
Material |
Procedencia |
Resultado |
Calibración 1 sigma |
Calibración 2 sigmas |
|
Poz-57754 |
Carbón |
Cabaña A |
4165±30 |
2874 - 2676 |
2881 - 2631 |
|
FOSO 1 |
|||||
|
REF. LAB |
Material |
Procedencia |
Resultado |
Calibración 1 sigma |
Calibración 2 sigmas |
|
GrA-45527 |
Hueso |
Foso 1. Culminación |
3975±40 |
2571 - 2460 |
2581 - 2343 |
|
GrA-45526 |
Hueso |
Foso 1. Base. |
4075±40 |
2841 - 2498 |
2858 - 2475 |
|
Poz-43671 |
Hueso |
Foso 1 (relleno) |
4075±35 |
2837 - 2500 |
2857 - 2476 |
|
GrA-34319 |
Carbón |
Foso 1. Base |
4085±35 |
2845 - 2501 |
2866 - 2491 |
|
FOSO 2 |
|||||
|
REF. LAB |
Material |
Procedencia |
Resultado |
Calibración 1 sigma |
Calibración 2 sigmas |
|
GrN-30550 |
Carbón |
Foso 2. Base |
4035±80 |
2844 - 2465 |
2874 - 2345 |
|
Poz-57753 |
Hueso |
Foso 2 |
3945±30 |
2558 - 2350 |
2569 - 2306 |
|
Poz-76754 |
Hueso |
Foso 2. |
4045±35 |
2624 - 2491 |
2839 - 2469 |
|
Poz-76755 |
Hueso |
Foso 2. |
3995±35 |
2568 - 2470 |
2623 - 2411 |
|
Poz-86168 |
Hueso |
Foso 2. |
4120±30 |
2854 - 2623 |
2868 - 2577 |
|
Poz-86166 |
Hueso |
Foso 2. |
3920±35 |
2471 - 2348 |
2547 - 2293 |
|
FOSO 3 |
|||||
|
REF. LAB |
Material |
Procedencia |
Resultado |
Calibración 1 sigma |
Calibración 2 sigmas |
|
GrA-45529 |
Hueso |
Foso 3 (base) |
3975±40 |
2571 - 2460 |
2581 - 2343 |
|
GrA-45531 |
Hueso |
Foso 3 (culminación) |
4050±40 |
2629 - 2488 |
2847 - 2469 |
Las zanjas muestran grandes variaciones en anchura, profundidad y sección, incluso dentro del mismo anillo. Un corte estratigráfico practicado en el extremo meridional del foso 3 acreditó una anchura de 5 m, una profundidad de 1.5 m y una sección en U de paredes muy tendidas y fondo cóncavo. Por su parte, el foso 2, objeto de tres cortes estratigráficos, ofrece anchuras de entre 4.6 y 3.1 m y profundidades de entre 2.5 y 1.5 m, además de secciones en V y en forma de artesa. Finalmente, el foso 1, sondeado en cinco puntos, ofrece parecidas irregularidades con anchuras de entre 3 y 4.7 m, profundidades entre 2.1 y solo 0.7 m, y secciones indistintamente en forma de V o de artesa. Todo ello, unido a la ya comentada asimetría en planta del recinto 3, se traduce en una impresión general de irregularidad que se acentúa al comprobar en las imágenes magnetométricas que las líneas de los fosos, en las fotos muy nítidas, son en realidad vacilantes y sinuosas, mostrando frecuentes quiebros y, sobre todo, numerosos pequeños cambios de dirección que los excavadores prehistóricos fueron poniendo buen cuidado en corregir sobre la marcha para reproducir las sin duda perfectas geometrías anulares (¿símbolos cosmológicos?) representadas en el proyecto original (Fig. 3).
Figura 3. Planta general de los tres fosos del poblado calcolítico de El Casetón de la Era
(Villalba de los Alcores, Valladolid) con la localización de las secciones realizadas en cada uno de ellos.
Todos estos detalles denotan que tampoco los fosos 1 y 2, pese a responder, como venimos diciendo, a un mismo proyecto, fueron excavados al tiempo en la totalidad de su recorrido sino por tramos. Esto es, fueron resultado de una adición de segmentos de parecida longitud (módulos) excavados en ‘campañas’ sucesivas, hecho que quedó demostrado en una cata de 9 m situada en el punto de encuentro del foso 2 con la puerta 2.4. Allí, en efecto, a 7.5 m del vano, se produce la yuxtaposición brusca de dos de tales segmentos, cuyas características son lo suficientemente distintas como para defender, por un lado, la independencia de sus respectivas excavaciones, y, por otro, su no estricta sincronía pues los trabajos del más reciente dañaron en parte al otro cuando ya se encontraba parcialmente colmatado. Además, como confirmación, el tramo más antiguo –situado más al este– presenta una sección en V y mide 3.1 m de ancho en la boca por 1.9 m en la base y 2 m de profundidad, mientras el más moderno y cercano a la puerta no solo es más ancho (3.9 m) y bastante menos profundo (1.5 m, lo que determina que exista un sensible escalón entre ellos) sino que presenta también una sección trapezoidal. Por último, el análisis estratigráfico de los respectivos rellenos sedimentarios permite comprobar cómo, al igual que sucede en ciertos puntos de los recintos portugueses de Perdigões (Reguengos de Monsaraz) y Bela Vista 5 (Beja) (Valera, 2024Valera, A. C. (2024). “Ditched and walled enclosures of Late Prehistory in South Portugal: a brief comparative approach”. En: Diniz, M., Martins, A., Neves, C. y Arnaud, J. M. (Eds.). Vila Nova de São Pedro e o Calcolítico do Ocidente Peninsular. Estudos e Memórias, 22. Lisboa: Centro de Arqueologia da Universidade de Lisboa, pp. 291-305., p. 298), el tramo de foso más antiguo ya se hallaba parcialmente colmatado cuando se abrió el contiguo. De este modo, la base de este último vino a coincidir con la culminación de los estratos que en ese momento condenaban ya parcialmente el primero (Rodríguez Marcos et al., 2020Rodríguez Marcos, J. A., Crespo Díez, M. y Delibes de Castro, G. (2020). “Una ventana a los «recintos de fosos» calcolíticos del Valle del Duero. El Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Carretero Pérez, A. y Papí Rodes, C. (Eds.). Actualidad de la investigación arqueológica en España I (2018-2019). Conferencias impartidas en el Museo Arqueológico Nacional. Madrid: Ministerio de Cultura y Deporte, pp. 101-117., pp. 106-107, fig. 4).
Punto de partida inexcusable para abordar el análisis de la temporalidad de los fosos es reconocer que todos los restos de cultura material –muchos millares– hallados en su interior, salvo un aislado brazalete de esquisto de tipología neolítica procedente del foso 3, son representativos del horizonte Las Pozas o Calcolítico Precampaniforme regional, datable en las postrimerías del IV milenio y en la primera mitad del III cal AC. Lo confirma una batería de dataciones de radiocarbono (Tab. 1). Las fechas correspondientes a los estratos basales y cimeros de los rellenos de los fosos 1 y 2 son suficientemente parejas como para defender que la colmatación fue en ambos casos muy rápida. Según el modelo bayesiano, el inicio del relleno habría tenido lugar en la franja temporal 2692-2478 cal AC, mientras que la clausura se situaría entre 2578-2453 cal AC. Por su parte, la única fecha disponible para el foso 3, correspondiente a su colmatación, situaría dicho evento en el intervalo 2580-2351 cal AC, es decir, en paralelo al final de la amortización de los fosos interiores (Fig. 4).
Pero, de cara al principal objetivo de este trabajo, la cuestión a dilucidar son las relaciones temporales y funcionales del recinto de fosos con las cabañas del caserío, para lo cual contamos con tres fuentes de información: a) la estratigrafía, b) la colocación de las cabañas respecto a los fosos y c) las dataciones radiocarbónicas. En el plano de las relaciones estratigráficas, el argumento crucial en pro de la posterioridad de las trincheras respecto al caserío es que tres de las cabañas (A, C y D) fueron seccionadas limpiamente por el foso n.º 1. Unas cabañas que, a juzgar por el completo arrasamiento de sus alzados y por la inexistencia de cualquier resto ocupacional (como hemos dicho, solo sobreviven las zanjas de cimentación y, en algunos casos, los pavimentos de barro), habían sido meticulosamente vaciadas antes de que la excavación del foso las arrasara. Viviendas, por tanto, en principio ya abandonadas en el momento de cavarse la zanja y depositados sus restos constructivos, al menos en determinados casos, dentro de hoyos (Fonseca et al., 2017Fonseca de la Torre, H. J., Crespo Díez, M., Rodríguez Marcos, J. A., Martín Ramos, P., Cubas, M., Sánchez Carro, M. A. (2017). “Aproximación a la arquitectura del barro en el yacimiento calcolítico del Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Álvarez, A., Tejedor, C. y García, I. (Eds.): Investigaciones arqueológicas en el Valle del Duero. Del Paleolítico a la Edad Media. Zamora: Asociación Zamora Protohistórica, pp. 107-124., p. 109).
Un segundo argumento es que tampoco la posición o localización de algunas de las cabañas se presta a considerar que el complejo doméstico y los fosos fueran parte del mismo programa urbanístico. Tal sucede con la cabaña H, cuyo límite septentrional se sitúa en el mismo borde, a escasos centímetros del foso 2: nada evidencia estratigráficamente que una de las dos estructuras sea más antigua que la otra, pero difícilmente pudieron coexistir considerando que el más mínimo desprendimiento de la pared del foso –previsible, al estar tallado en sedimentos muy inconsistentes– pondría en grave peligro la integridad de la construcción. Todavía más incomprensible resulta la localización de la cabaña A justo enfrente de la entrada 1.1 del foso interior, literalmente bloqueándola, lo que revela de nuevo que no fueron estructuras estrictamente contemporáneas ni formaron parte del mismo plan constructivo.
Figura 4. Modelo bayesiano efectuado a partir de la serie de dataciones radiocarbónicas obtenidas en los fosos 1, 2 y 3 y zanja de cimentación de la cabaña A.
El radiocarbono reafirma también, por último, que al menos algunas de las viviendas precedieron a los fosos. El desmantelamiento de aquellas, después de su incendio y de un vaciado exhaustivo de escombros –e, incluso, de basuras– explica que solo se disponga de una datación directa para tales estructuras obtenida a partir de una muestra de carbón recogida en la cimentación de la cabaña A que, recordemos, fue seccionada por el foso 1. Su resultado (4165±30 BP) hace de ella la más antigua de todas las del yacimiento y, calibrada a dos sigmas, se remonta a 2890-2620 cal AC (2872-2591 cal AC según el modelo bayesiano), es decir, a una banda temporal claramente anterior a la de los niveles basales de los fosos 1 y 2.
Para el análisis y lectura del contenido de los fosos de El Casetón seguimos el protocolo aplicado por Bickle (2020, p. 186)Bickle, P. (2020). “The structure of chaos: decay and deposition in the Early Neolithic”. En: Hofman, D. (Ed.). Magical, mundane or marginal? Deposition practices in the Early Neolithic Linearbandkeramik culture. Leiden: Sidestone Press, pp. 181-204. al estudio de las prácticas de deposición en los asentamientos neolíticos de la Linearbandkeramik, sujeto al siguiente interrogatorio:
En todos los tramos de foso excavados se repiten estos dos rasgos: a) se trata de rellenos pluriestratificados, formados por una sucesión de niveles, y b) prevalecen en ellos los desechos antrópicos (cerámicas, barros constructivos, restos de fauna, carbones o cenizas…) sobre los sedimentos naturales. En casi todos los casos los rellenos responden a echadizos de residuos (simple ‘basura’ a primera vista) arrojados desde el borde de los fosos. Dichos restos tienden a desplazarse por gravedad hacia el fondo y se manifiestan como lechos de espesor, morfología, disposición y composición variables dependiendo del volumen del vertido, la naturaleza de sus componentes y la inclinación de las paredes de las zanjas.
Pero, junto a tales vertidos más o menos recurrentes, se registra también la huella de otras acciones, como son los puntos de fuego y los que denominamos ‘depósitos puntuales’. Entre los primeros se cuentan pequeñas fogatas de planta circular como la situada en la base del foso 2, junto al acceso 2.4. Pero, sobre todo, como la gran hoguera localizada en el interior del foso 1, junto a la puerta 1.2, a la que cabe responsabilizar tanto de la formación de un potente depósito de cenizas (en mayor medida blancas, fruto de una combustión completa, sin que falten carbones a medio consumir) como del enrojecimiento y endurecimiento de las arcillas en contacto de las paredes del foso.
Los ‘depósitos puntuales’ consisten básicamente en potentes acumulaciones de huesos de grandes herbívoros (sobre todo Equus, Cervus y Bos), abigarradas, dispuestas horizontalmente y muy exclusivas –apenas se acompañan de otros materiales–, en las que se acreditan con frecuencia porciones anatómicas articuladas o ABG (acrónimo en inglés de Associated Bone Groups). De manera excepcional, intercalados entre los vertidos antrópicos, también pueden consignarse niveles de sedimento natural, finos estratos de arcillas amarillentas idénticas a las que conforman el substrato geológico al que se acomodan los fosos, que no suelen presentar material arqueológico y son fruto de la meteorización de las paredes de las zanjas. Su levedad revela que se trata de accidentes puntuales, formados rápidamente y también enterrados bajo nuevos vertidos antrópicos.
Un estudio sedimentológico1 del relleno del foso n.º 1 aporta asimismo datos reveladores sobre el ritmo y el proceso de deposición. En primer lugar, todos los estratos presentan edaforrasgos (moteados de óxidos de hierro, disyunción poliédrica, iluviación de arcillas o carbonatación general, entre otros) indicativos de que tras su vertido sufrieron cierta exposición subaérea. Sin embargo, su levedad apunta a que fue exposición no muy duradera, cesando su dinámica al quedar cubiertos los niveles correspondientes por otros posteriores. En segundo lugar, también es reseñable la ausencia de laminaciones de limos y arcillas, pues descarta fases de inundación prolongada de la zanja, con charcos estables en su interior. Respecto a la velocidad de formación de los estratos todo indica que, mientras los superiores se acumularon de forma relativamente pausada, el resto lo hicieron rápidamente, existiendo en todo caso muy breves episodios de parálisis sedimentaria.
También el estudio de las alteraciones tafonómicas de los restos faunísticos procedentes del interior de los fosos apunta en parecida dirección. Un 17.7 % de los huesos presenta huellas inequívocas de exposición subaérea y un 1.8 % evidencia marcas de carnívoros, porcentajes ambos no muy elevados, pero sí ilustrativos de que al menos parte de la fauna depositada en los fosos permaneció cierto tiempo a la intemperie antes de quedar definitivamente enterrada2 (Carbajo Arana, 2020Carbajo Arana, M. (2020). La gestión de los recursos ganaderos y cinegéticos durante la Prehistoria Reciente en el valle del Duero: el Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid). Tesis doctoral inédita. Universidad de León. Accesible en: http://uvadoc.uva.es/handle/10324/40605, p. 212 y tabla IV.83).
Las conclusiones a las que llegamos sobre contenidos y mecanismos de deposición de los rellenos de los fosos, ordenadas de acuerdo con los tres objetivos del interrogatorio de Bickle, son las siguientes:
El comportamiento es diametralmente opuesto en el caso de los restos de fauna. El número de huesos recuperados en las catas de los fosos es también muy elevado, más de 12.000, la mayoría axiales y apendiculares, lo que da una idea de la importancia de su volumen en los rellenos, pero su biografía predeposicional difiere sustancialmente de la de la cultura material. Ya apuntamos más arriba que solo el 17.7 % de ellos presentaba ligeras marcas de exposición subaérea, que vinculamos a los breves periodos de pausa transcurridos entre vertido y vertido. Pero este bajo índice de erosión va aparejado a una nada rara presencia de huesos en conexión esquelética: un total de 20 porciones anatómicas3 (ABG) pertenecientes a patas y tramos vertebrales de caballos, vacas, ovinos, caprinos y uros, en los que no faltan huellas no cuantificadas de carnicería. La inmensa mayoría proceden de los 9 metros lineales del foso 2 excavados junto al acceso 2.4, pero el comportamiento se repite en el resto de los tramos de foso intervenidos por lo que parece ser la pauta que rige en todo el recinto. En cualquier caso, lo más reseñable es que, frente a la posición terciaria de buena parte de la cerámica, la fauna se hallaría en posición secundaria, denotando que, inmediatamente después del sacrificio, procesado y consumo de los animales, sus restos fueron directamente arrojados al interior de los fosos sin pasar por un basurero previo. Por último, también merece la pena señalar que la distribución de las referidas concentraciones de fauna varía según los casos, apareciendo con frecuencia en la base de los fosos –lo que podría interpretarse como resultado de rituales relacionados con la fundación del recinto o con la celebración de la finalización de un segmento de recinto en particular– pero también a otras alturas de los rellenos. Mas, por haberlas también ocasionalmente en su culminación, tendemos a pensar que muchos de los episodios de colmatación estuvieron vinculados con ofrendas cíclicas de porciones de animales sin consumir, lo cual redundaría en el posible significado simbólico de tales actos deposicionales (Fig. 5) en donde se puede apreciar la frecuente aparición de huesos de animales. Su estudio permitió identificar buen número de segmentos vertebrales y extremos distales de patas en conexión anatómica; entre estos últimos, aunque no faltan algunos elementos de vacas y ovejas, destacan los de caballo que superan la docena de ejemplares.
Figura 5. Las imágenes (A: vista general; B: detalle) ilustran la base de la U.E. 10.063;
la cual apoya sobre el fondo del foso 2.
Hemos venido insistiendo en que toda la huella que se conserva in situ de las viviendas de El Casetón de la Era se reduce a sus zanjas de cimentación y, en ocasiones, a retazos de sus sencillos pavimentos de barro, de lo cual se deduce que fueron desmanteladas de forma expeditiva y sistemática, no que sufrieran un abandono y deterioro progresivos. Y como, por otra parte, la estratigrafía revela que los fosos seccionan incuestionablemente algunas de tales viviendas y fueron posteriores a ellas, también tiene sentido preguntarse si los desmantelamientos no pudieron responder a la necesidad de despejar el espacio para los recintos, un paso previo obligado para su excavación, e, incluso, si el paradero de los restos materiales resultantes de la destrucción de las unidades domésticas no acabaría siendo la propia trinchera.
El estudio del contenido de los hoyos 70, 71, 73 y sobre todo 39 ilustra convenientemente cómo se produjo el fin de algunas de las viviendas de El Casetón y cuál fue el destino de sus restos constructivos. Todos contenían, en efecto, centenares de kilos de pellas de barro, no otra cosa que el material empleado como revestimiento de las casas a juzgar por las improntas de los troncos utilizados como postes en la edificación. Pero, además, las pellas se mostraban endurecidas y enrojecidas como consecuencia de haber padecido los efectos de un fuego cuya temperatura osciló entre los 570 °C y los 800 °C. Estas evidencias han dado pie a considerar que, análogamente a como sucede en numerosas aldeas neolíticas y calcolíticas de los Balcanes y Anatolia (p. ej. Stevanovic, 1997Stevanović, M. (1997). “The Age of Clay: The Social Dynamics of House Destruction”. Journal of Anthropological Archaeology, 16, pp. 334-395. DOI: https://doi.org/10.1006/jaar.1997.0310; Tringham, 2013Tringham, R. (2013). “Destruction of Places by fire: Domicide or Domithanasia”. En: Driessen, J. (Ed.). Destruction: Archaeological, Philological, and Historical Perspectives. Louvain: Presses Universitaires de Louvain, pp. 89-108.), las viviendas del yacimiento vallisoletano no fueron pasto de fuegos accidentales sino deliberados al servicio de unas creencias que exigían también que los restos resultantes de la combustión fueron, acto seguido, enterrados conjuntamente dentro de un mismo hoyo (Fonseca et al., 2017Fonseca de la Torre, H. J., Crespo Díez, M., Rodríguez Marcos, J. A., Martín Ramos, P., Cubas, M., Sánchez Carro, M. A. (2017). “Aproximación a la arquitectura del barro en el yacimiento calcolítico del Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Álvarez, A., Tejedor, C. y García, I. (Eds.): Investigaciones arqueológicas en el Valle del Duero. Del Paleolítico a la Edad Media. Zamora: Asociación Zamora Protohistórica, pp. 107-124.).
A primera vista, este comportamiento contradice que los fosos fueran el punto de destino de los escombros de las cabañas, pero no del todo porque también estos están presentes en el relleno de dichas trincheras. Existe, no obstante, una diferencia sustancial entre los unos y los otros puesto que las pellas halladas en los hoyos, de mayor tamaño, responden con absoluta seguridad a mecanismos de deposición secundaria (basura de primera generación), mientras que las de los fosos, más pequeñas y erosionadas, se diría proceden no directamente del desmantelado de las viviendas sino de basureros en los que habrían estacionado previamente (Tab. 2).
Tabla 2. Estructuras con mayor acumulación de restos constructivos
|
Estructura |
N.º fragmentos |
Peso total (kg) |
Peso medio |
|
Hoyo 39 |
941 |
77.70 |
0.083 |
|
Hoyo 70 |
206 |
10.19 |
0.049 |
|
Hoyo 71 |
658 |
42.94 |
0.065 |
|
Hoyo 73 |
219 |
18.32 |
0.084 |
|
Foso 2 |
1091 |
34.82 |
0.032 |
A través de pequeños detalles, como el índice de fragmentación, descubrimos, en efecto, dos maneras de gestionar los restos edilicios. Los barros constructivos recuperados en el foso 2, por ejemplo, superan el millar de fragmentos, pero apenas pesan en conjunto 34 kg, mientras que el volumen de los acumulados en el hoyo 39, siendo su número similar, es considerablemente superior, prueba de una menor fragmentación (Tab. 2). Y, a mayores, los fragmentos depuestos en el foso aparecen en pequeños grupos diseminados a lo largo y ancho de la zanja y a distintas alturas, por lo que parecen responder a pequeños aportes sucesivos, más que a un evento único como evidentemente sucede en los hoyos.
Figura 6. Representación gráfica del porcentaje de ejemplares de manteado con improntas respecto al total de fragmentos en los hoyos 39, 70, 71 y 73 y en el foso 2 de El Casetón de la Era.
Los factores responsables de la buena conservación de los fragmentos de los hoyos han sido el fuego y su deposición inmediata tras ser generados. Ambos explican la perfecta preservación de las improntas del entramado vegetal y la supervivencia a veces de otros elementos mobiliarios de tierra como placas de hogar y pavimentos. Su presencia demuestra un concienzudo desmantelamiento de las viviendas, retirando toda la estructura subaérea, testimonio bastante claro de domicidio (Tringham, 2013Tringham, R. (2013). “Destruction of Places by fire: Domicide or Domithanasia”. En: Driessen, J. (Ed.). Destruction: Archaeological, Philological, and Historical Perspectives. Louvain: Presses Universitaires de Louvain, pp. 89-108.). Por el contrario, los restos arrojados a los fosos debieron permanecer durante bastante tiempo a la intemperie, de ahí su menor tamaño y superior grado de rodamiento, la consiguiente mayor dificultad para identificar caras alisadas o improntas y la alta proporción de piezas ‘informes’ (Figs. 6 y 7). En definitiva, en contraste con el registro de los hoyos, en los vertidos de los fosos creemos encontrarnos ante patrones propios de labores de limpieza y de vertido de desechos de tercera generación.
Por último, nuevas diferencias entre los rellenos de fosos y hoyos –estos muy numerosos en El Casetón y con frecuencia albergando ostensibles ‘depósitos estructurados’ (Delibes et al., 2016Delibes de Castro, G., Crespo Díez, M. y Rodríguez Marcos, J. A. (2016). “Anatomía de un recinto de fosos calcolítico del valle medio del Duero: el Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid)”. En: Del Neolític a l’Edat del Bronze en el Mediterrani occidental. Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver. Trabajos Varios del SIP, 119. Valencia: Servicio de Investigaciones Prehistóricas de Valencia, pp. 387-401.)– se observan en el terreno de los restos faunísticos. Mientras en los fosos las especies cinegéticas (caballo, uro, ciervo y zorro) representan el 33.9 % de la fauna identificada, en los hoyos solo alcanzan el 8.4 %4. Tampoco tiene nada de particular, así, que la mayor parte de las puntas de proyectil del yacimiento (de sílex y hueso) se localicen precisamente junto a los principales acúmulos de huesos de caballo de los fosos, pues debieron emplearse en su caza.
Los fosos parecen haberse rellenado, por tanto, a partir de vertidos sucesivos de carácter cíclico, con cortas interrupciones estacionales, en los que jugó un papel importante el depósito de grandes concentraciones de fauna en posición secundaria acompañadas de vertidos de sedimentos con alto contenido en detritus domésticos en posición terciaria recogidos de basureros al aire libre. La abundancia de restos de fauna, su concentración y la variedad de especies que conforman estos depósitos sugiere que, más que responder a eventos cotidianos de consumo doméstico, su origen podría estar en actos extraordinarios de consumo colectivo.
Figura 7. Selección de pellas de barro recuperadas durante los trabajos de excavación. Las piezas A y B proceden del interior del hoyo 39. En ellas se aprecian perfectamente las improntas del entramado vegetal al que estuvieron adheridas mientras funcionaron como revestimiento de barro de las cabañas. La pieza C, recuperada en el relleno del foso 2, evidencia un notable grado de rodamiento, dificultando la identificación de cualquier tipo de impronta. La imagen inferior (D) ilustra el proceso de excavación del hoyo n.º 39. Se aprecia el alto número de material constructivo que fue acumulado en su interior.
El análisis expuesto permite establecer que los recintos de fosos no formaban parte del proyecto urbanístico original del poblado calcolítico de El Casetón de la Era y, con parecida seguridad, que la excavación de tales zanjas solo se produjo en momentos muy avanzados, probablemente finales, de la trayectoria del sitio y sobre espacio ocupado previamente por el complejo doméstico. Pero saber que los recintos no figuraban en el proyecto urbanístico inicial como defensas o líneas de demarcación del hábitat apenas mejora la percepción sobre cuáles pudieron ser sus funciones. Para avanzar en ese terreno sería necesario reconstruir con enorme precisión la secuencia de la excavación y posterior amortización de los fosos, algo que tropieza con dos grandes obstáculos: la dificultad de aprehender objetivamente la temporalidad de tales hechos (un proceso es una suma de muchos momentos no todos fijados en el registro arqueológico) y la limitación de saber que trabajamos con solo una muestra y no con una documentación panorámica del sitio. En otras palabras, ni la estratigrafía precisa cuanto tiempo transcurrió entre el abandono de las cabañas y la excavación del foso ni existen garantías de que la superposición fosos/caserío, observada parcialmente, pueda hacerse extensiva a la totalidad del yacimiento. Y, por otra parte, a falta de dataciones de alta resolución, ¿cómo saber si los fosos incidieron sobre viviendas en ese momento ya ‘muertas’ o si su defunción se produjo precisamente como consecuencia del impacto de aquellos? En definitiva, como argumentan Zafra et al. (2003, p. 81)Zafra de la Torre, N., Castro López, M. y Hornos Mata, F. (2003). “Sucesión y simultaneidad en un gran asentamiento: La cronología de la macro-aldea de Marroquíes Bajos, Jaén. c. 2500-2000 cal ANE”. Trabajos de Prehistoria, 60 (2), pp. 79-90. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2003.v60.i2.82 ante problemas similares del registro de Marroquíes Bajos o Valera et al. (2014)Valera, A. C., Silva, A. M. y Márquez Romero, J. E. (2014). “The temporality of Perdigões enclosures: absolute chronology of the structures and social practices”. SPAL, 23, pp. 11-26. DOI: https://doi.org/10.12795/spal.2014i23.01 en relación con el recinto portugués de Perdigões, aunque la cronometría –en nuestro caso la decena de dataciones absolutas– revista el interés indiscutible de proporcionar un marco general de coordenadas, este no alcanza a explicar con el necesario pormenor las relaciones temporales de todas las estructuras negativas del yacimiento. Un problema que interfiere también en la lectura secuencial de El Casetón y que no deja de suponer cierta amenaza para la propuesta que defendemos (= el sistema de fosos, A, es posterior al complejo doméstico, B), lo cual, en aras de la objetividad, nos lleva a repasar qué cuestiones procesales y temporales de la secuencia del yacimiento nos siguen siendo elusivas y hasta qué punto obstaculizan la misma.
Figura 8. Recreación de cuatro fases del proceso de conversión de la aldea calcolítica de
El Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladolid) en un recinto de fosos.
En resumen, con todas las fisuras inherentes a la dificultad de entender la secuencia de un yacimiento constituido solo por estructuras negativas, nuestra propuesta sostiene que El Casetón de la Era fue en sus comienzos una aldea y que, dos o tres siglos después, cuando declinaba, mutó en ‘recinto de fosos’. Dicha mutación que, a la vista del resultado de las excavaciones, pudo ser general en los ditched enclosures de ambas Mesetas (Díaz-del-Río, 2003Díaz-del-Río, P. (2003). “Recintos de fosos del III Milenio AC en la Meseta peninsular”. Trabajos de Prehistoria, 60 (2), pp. 61-78. DOI: https://doi.org/10.3989/tp.2003.v60.i2.81), supuso la adopción de un dispositivo fosado que ya era común a mediados del IV milenio en el suroeste peninsular en sitios ceremoniales. De ahí que entendamos que la decisión de recurrir a él en nuestro caso hubo de responder al deseo de monumentalizar y sacralizar la sede de la vieja aldea y de convertirla en espacio simbólico. Los contenidos de los fosos, con evidencias abrumadoras de consumo masivo de carne de grandes ungulados, y la abundancia asimismo de hoyos con depósitos estructurados responderían a tales intereses. El yacimiento dejó de ser frecuentado en el Calcolítico Final –no se registra ni una sola evidencia de material asimilable al horizonte del Vaso Campaniforme– pero es evidente que su significación simbólica no se había disipado por completo pues durante el Bronce Medio, en las fases Protocogotas y Cogotas I Pleno, el espacio del viejo Casetón volvió a acoger nuevos depósitos estructurados.
Información complementaria ↑
Fuentes de financiación
El trabajo de campo en El Casetón de la Era fue financiado por la Excma. Diputación Provincial de Valladolid y la investigación se inscribió inicialmente en el Proyecto BHA2010/0888 del Ministerio de Ciencia y Tecnología: “Poblamiento de la Edad del Bronce en el valle medio del Duero: un proyecto de Arqueología Aérea”.
Material suplementario
No procede.
Disponibilidad de datos
No procede.
Agradecimientos
Nos sentimos en deuda con la Excma. Diputación de Valladolid, que financió las investigaciones en El Casetón de la Era, y con el personal de la finca Matallana (Villalba de los Alcores), muy especialmente con don Ponciano de la Viuda Lozano, por facilitarnos los medios para la excavación. Los dibujos son obra de Francisco Tapias, de la Universidad de Valladolid. Y deseamos mostrar también nuestro agradecimiento a los evaluadores y al equipo editorial de TP por su compromiso y esfuerzo para mejorar nuestro texto.
Declaración de contribución de autoría
Manuel Crespo Díez: conceptualización, análisis formal, curación de datos, investigación, metodología, validación, visualización, redacción – borrador original, redacción – revisión y edición, supervisión y administración del proyecto.
Germán Delibes de Castro: conceptualización, análisis formal, curación de datos, investigación, metodología, validación, visualización, redacción – borrador original, redacción – revisión y edición, administración del proyecto y obtención de fondos.
José Antonio Rodríguez Marcos: conceptualización, análisis formal, curación de datos, investigación, metodología, validación, visualización, redacción – borrador original, redacción – revisión y edición.
María Carbajo Arana: curación de datos, investigación, metodología, redacción – revisión y edición.
Carlos Fernández Rodríguez: curación de datos, investigación, metodología, redacción – revisión y edición.
Jaime Delgado Iglesias: curación de datos, investigación, metodología, redacción – revisión y edición.
Héctor J. Fonseca de la Torre: curación de datos, investigación, metodología, redacción – revisión y edición.
Declaración de conflicto de intereses
Los autores declaran que no tienen intereses económicos ni relaciones personales que pudieran haber influido en el trabajo presentado en este artículo.
Declaración de uso de Inteligencia Artificial
No procede.
1 Delgado Iglesias, J. (2007). Informe geológico del yacimiento arqueológico de Matallana (Valladopd). Área de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad de Valladopd. Inédito.
2 Incidiendo en la idea de un periodo de exposición breve cabe añadir que la mayor parte de las afecciones documentadas se corresponden al Estadio 1 de la escala de Behrensmeyer (1978)Behrensmayer, A. K. (1978). “Taphonomic and ecologic information from bone weathering”. Paleobiology, 4, pp. 150-166. DOI: https://doi.org/10.1017/s0094837300005820 que abarca desde la ausencia de alteraciones (Estadio 0), hasta la desintegración y el astillado, in situ, del hueso (Estadio 5) (Carbajo Arana, 2020Carbajo Arana, M. (2020). La gestión de los recursos ganaderos y cinegéticos durante la Prehistoria Reciente en el valle del Duero: el Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladopd). Tesis doctoral inédita. Universidad de León. Accesible en: http://uvadoc.uva.es/handle/10324/40605, p. 232).
3 Diez de ellas estudiadas por M. Carbajo (2020, pp. 155-160)Carbajo Arana, M. (2020). La gestión de los recursos ganaderos y cinegéticos durante la Prehistoria Reciente en el valle del Duero: el Casetón de la Era (Villalba de los Alcores, Valladopd). Tesis doctoral inédita. Universidad de León. Accesible en: http://uvadoc.uva.es/handle/10324/40605, las otras proceden de la gran concentración de fauna registrada en la base del foso 2 y están pendientes de estudio.
4 Dentro de las especies salvajes el caballo juega un papel especial, no solo por su importancia numérica (29.7 %), sino también por el rango de edad de los ejemplares sacrificados ya que la inmensa mayoría corresponde a individuos adultos y subadultos –entre 2 y 20 años– siendo muy escasos los infantiles. Este sesgo sugiere que la caza de caballos –y por la dificultad que entraña podríamos añadir la de los uros– no tuvo un carácter oportunista, sino que se trató de una actividad planificada, selectiva y posiblemente colectiva ya que exigiría de la colaboración de miembros de más de una unidad doméstica. Por otra parte, el hecho de que gran parte de los huesos de Equus corresponda a patas sugiere que solo se trasladaban al asentamiento ciertas partes de los animales abatidos.
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