Trabajos de Prehistoria, 82 (2)
Julio-Diciembre, 2025, 1088
ISSN-L: 0082-5638 – eISSN: 1988-3218

Recensión de / Review of: Graham Harman y Christopher Witmore. Objetos intempestivos: Filosofía y arqueología orientada a objetos. Materia Oscura. Segovia, 2024, 287 pp. ISBN: 978-84-127034-4-3.

Rafael Millán-Pascual Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT, CSIC), rafael.millan-pascual@incipit.csic.es

Álvaro Falquina-Aparicio Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT, CSIC), alvaro.falquina-aparicio@incipit.csic.es

CONTENIDO

‘Objetos Intempestivos’ es un ensayo sobre la realidad que pone en juego la arqueología en su particular forma de lidiar con el tiempo y las cosas. Se suma así a otros trabajos que, en lugar de preguntarse por los límites y posibilidades del objeto arqueológico, se preguntan por el ‘ser’: ¿qué ‘es’ el objeto de la arqueología? (Olsen et al., 2020Olsen, B., Burtröm, M., DeSilvey, C. y Pétursdóttir, Þ. (Eds.) (2020). After Discourse: Things, Affects, Ethics. London: Routledge.). Para responder a esta cuestión, Graham Harman y Christopher Witmore tratan de conciliar el proyecto filosófico del primero (la ontología orientada-a-objetos) con el proyecto arqueológico del segundo, a partir de una estructura innovadora: un capítulo escrito a cuatro manos, dos más escritos por separado y otros dos en forma de diálogo. Harman empieza a ser un ‘old star’ de la filosofía reciente, con una obra accesible en castellano, y no ignoramos que este libro se ha traducido por la fama de este autor. Por este motivo, en esta reseña nos limitamos a apuntar algunas claves críticas sobre la parte arqueológica, menos conocida, de este intercambio intelectual.

La premisa del libro es que un objeto es irreductible a lo que se pueda decir o hacer con él. Cualquier ordenación externa que hagamos de los objetos no es capaz de alcanzar su ‘esencia’ (para Harman el objeto siempre está en “retirada” ante nuestra conciencia o ante cualquier otra interacción). Este es el misterio del que se deriva la idea principal de esta obra: el tiempo (todo tiempo) es generado por los objetos y no por una magnitud externa (como es el tiempo para la física) ni por la experiencia subjetiva (como defienden la historia y la antropología). Los objetos no tienen tiempo, lo ‘generan’ (son ‘intempestivos’). Harman comenta que “el espacio y el tiempo sólo tienen sentido en términos de las relaciones que las diversas entidades despliegan y extienden independientemente de cualquier contenido” (p. 165). Witmore, más atento a las mediaciones que impone un objeto de estudio ‒en su caso, la antigua Micenas‒ y menos atado a los vientos de la especulación, se ve en la necesidad de concretar qué significa esto. Reparemos en uno de sus ejemplos: “La yuxtaposición de un puente micénico y una carretera asfaltada es generadora de tiempo, no porque se trate de dos cosas materiales de distinta duración en estrecha proximidad, sino porque el puente de finales de la Edad del Bronce marca una diferencia en la línea tomada por el antiguo camino de carruajes que da forma a la carretera nacional asfaltada […]. Un puente de la Edad de Bronce afecta a caminos que distan varios miles de años de su construcción. Un nuevo objeto altera una ecología más antigua” (pp. 79-80).

El tiempo histórico, un tiempo que solo se puede elaborar a partir de la ordenación de las dinámicas del pasado, se reduce aquí al tiempo del espacio, un tiempo observable y medible desde el presente, que consecuentemente los autores definen con metáforas espaciales como “tiempo topológico” y “tiempo percolativo”. En este esquema, la Edad del Bronce es un dato cronológico. Nada más. Lo importante es la disposición espacial del puente. El tiempo viene generado por una nueva configuración de los objetos, aunque no sepamos de qué tiempo se trata ni en qué medida se acerca o se aleja la Edad del Bronce de nuestro presente (no solo temporalmente).

A nuestro modo de ver, el precio a pagar es ni más ni menos que la desnaturalización del trabajo arqueológico, el cual ya no consiste en estudiar el pasado a partir de los restos materiales, sino en hacer algo así como un reportaje con ínfulas estéticas sobre la ‘presencia’ de las cosas en el presente. Ese y no otro es el resultado de convertir los objetos en esencias que actúan por sí solas, pero, sobre todo, de hacer depender la idea de multitemporalidad de algo tan arbitrario. De este modo, los autores se desentienden de la principal labor de una ciencia histórica: la ‘ordenación del tiempo’. Por eso pensamos que el libro es una articulación fallida y desigual de la filosofía y la arqueología (a favor de Harman), donde la transmisión y el trabajo del pasado, el tema que debería preocuparnos, desaparece. Sin un problema histórico a investigar, tampoco terminamos de saber qué es un objeto. La conclusión de Harman es que cualquier entidad con una mínima propiedad física es susceptible de convertirse en uno, con independencia de que este tenga un carácter arqueológico o no. Entre tanto objeto deja de haber historia y, lo que es peor, un sujeto para esa historia.

Por ello, es dudoso que el objeto-forma de Harman sea el objeto arqueológico de Witmore, relativo a un contenido social del tiempo, por mucho que este último haga esfuerzos para que así sea. Cuesta aceptar que la arqueología, una ciencia que cuida el pasado, recorra una vía ajena al conocimiento histórico a riesgo de reducirse a la mínima expresión. Pensamos que este es el resultado de desplazar la epistemología (cómo generamos conocimiento histórico a partir de la materialidad) a la ontología (qué es o deja de ser un objeto). Precisamente, la deriva que ha llevado a que un filósofo metafísico y un arqueólogo de la antigua Grecia se den la mano.

Witmore fue uno de los promotores de la ‘arqueología simétrica’ (Olsen et al., 2012Olsen, B., Shanks, M., Witmore, C. y Webmoor, T. (2012). Archaeology: The Discipline of Things. Berkeley y Los Angeles: University of California Press.): un intento de reunir la teoría y la práctica arqueológica, después de los excesos interpretativos del posprocesualismo y la fría reducción del método a una aplicación automática de las nuevas tecnologías. En un artículo-manifiesto, hasta ahora el único texto de este autor en castellano, ya planteó abandonar las periodizaciones históricas para adoptar una idea de multitemporalidad presentista y relacional (Witmore, 2007Witmore, C. (2007). “Arqueología simétrica: un manifiesto breve”. Complutum, 18, pp. 305-313.). Al correr de los años, sin embargo, hemos llegado a la paradoja de criticar un tiempo vacío y homogéneo para defenderlo de otro modo por la vía de la especulación.

La autoridad intelectual de aquella operación fue Bruno Latour, quien tuvo el mérito de innovar otra forma de mirar a la ciencia, después del ‘giro historicista’ formulado por Thomas Kuhn e Imre Lakatos. La idea fue dejar la interpretación histórico-hermenéutica (¿de qué habla la ciencia?) y atender a las prácticas (¿qué hace una científica cuando dice estar haciendo ciencia?): es decir, el complejo de relaciones materiales que construyen la ciencia (el comportamiento de quien investiga, los instrumentos de laboratorio, etc.), y que, además, no son reductibles a la interpretación de los hechos o las evidencias.

El tiempo solo ha redundado en una radicalización de la propuesta. Si para Latour las relaciones humanas y no-humanas se dan en pie de igualdad, la disputa filosófica posterior, englobada en la equívoca etiqueta de ‘realismo especulativo’, ha consistido en asignarle a esa igualdad un sentido ontológico (flat ontology). Harman (2009)Harman, G. (2009). Prince of Networks: Bruno Latour and Metaphysics. Berkeley y Los Angeles: re.press., a través de Heidegger, contribuyó a esta operación, cuestionada por el propio Latour (Latour et al., 2011Latour, B., Harman, G. y Erdélyi, P. (2011). The Prince and the Wolf. Alresford: Zero Books.). Olsen (2010)Olsen, B. (2010). In Defense of Things: Archaeology and the Ontology of Objects. Walnut Creek: Altamira Press. fue el primer arqueólogo en saludar esta estrategia, nuevamente mencionada en el libro escrito con Witmore en 2012. Bastó avanzar en esta línea para olvidar la ‘simetría’ en favor de un ‘giro ontológico’. De la arqueología orientada a problemas pasamos a una arqueología orientada-a-objetos.

El libro muestra las consecuencias de una deriva que ha terminado atada a un esquema filosófico autorreferencial e impermeable a las mediaciones, más sutiles y contenidas, de la arqueología, que el propio Witmore (2020)Witmore, C. (2020). Old Lands: A Chorography of the Eastern Peloponnese London: Routledge. ha sido capaz de mostrar en otros trabajos. El resultado es una trampa: hacer pasar metáforas por conceptos (Blumenberg, 2018Blumenberg, H. (2018). Paradigmas para una metaforología. Madrid: Editorial Trotta.). El problema es ignorar que tanto Harman como Witmore se mueven en ese ámbito y no en el misterio de las ‘esencias’, sobre el que solo se puede especular a fuerza de ignorar la experiencia y, con ella, la historia. Con todo, atravesado el nubarrón de la ontología, el libro es un ejercicio de ‘imaginación arqueológica’ (Shanks, 2012Shanks, M. (2012). The Archaeological Imagination: Walnut Creek: Left Coast Press.) que puede contribuir a desarrollar una noción de tiempo más densa y estratificada, justamente la idea que convirtió a la arqueología en una fuente de inspiración para otras disciplinas. Pero este ejercicio sería otro libro. Es necesario recuperar la epistemología y volver a los hechos.

El tiempo no solo nace de las cosas: nace de una determinada articulación de la multitemporalidad, una ‘ordenación’ del tiempo, asentada en irreversibilidades históricas de las que somos herederos (Villacañas, 2017Villacañas, J. L. (2017). Imperio, Reforma y Modernidad: La revolución intelectual de Lutero (Vol.1). Madrid: Guillermo Escolar., pp. 15-30). La arqueología posibilita nuevas ordenaciones al identificar las huellas de mundos perdidos y, por eso, es a su modo una política del tiempo, antes que un misterioso efecto ontológico. Como señaló Manuel Sacristán (1983Sacristán, M. (1983). “Entrevista con Manuel Sacristán”. Mientras Tanto, 16-17, pp. 195-211., p. 209), hay que andar más ligeros y atender a las prácticas: “El científico social debería lanzarse alegremente a su trabajo, sin grandes preocupaciones filosófico-metodológicas, porque si no hay muy buena filosofía de las ciencias sociales es, probablemente, porque no hay muy buenas ciencias sociales”. Hacerlo al revés no sale bien. Harman y Witmore preparan otra obra11 Comunicación personal de Witmore, donde quizás empiecen a despejar estos problemas.

BIBLIOGRAFÍA  

Blumenberg, H. (2018). Paradigmas para una metaforología. Madrid: Editorial Trotta.

Harman, G. (2009). Prince of Networks: Bruno Latour and Metaphysics. Berkeley y Los Angeles: re.press.

Latour, B., Harman, G. y Erdélyi, P. (2011). The Prince and the Wolf. Alresford: Zero Books.

Olsen, B. (2010). In Defense of Things: Archaeology and the Ontology of Objects. Walnut Creek: Altamira Press.

Olsen, B., Burtröm, M., DeSilvey, C. y Pétursdóttir, Þ. (Eds.) (2020). After Discourse: Things, Affects, Ethics. London: Routledge.

Olsen, B., Shanks, M., Witmore, C. y Webmoor, T. (2012). Archaeology: The Discipline of Things. Berkeley y Los Angeles: University of California Press.

Sacristán, M. (1983). “Entrevista con Manuel Sacristán”. Mientras Tanto, 16-17, pp. 195-211.

Shanks, M. (2012). The Archaeological Imagination: Walnut Creek: Left Coast Press.

Villacañas, J. L. (2017). Imperio, Reforma y Modernidad: La revolución intelectual de Lutero (Vol.1). Madrid: Guillermo Escolar.

Witmore, C. (2007). “Arqueología simétrica: un manifiesto breve”. Complutum, 18, pp. 305-313.

Witmore, C. (2020). Old Lands: A Chorography of the Eastern Peloponnese London: Routledge.

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1 Comunicación personal de Witmore.